Saltar al contenido

Distinguir

1 diciembre, 2019

 

De vez en cuando me viene a la memoria, y a las manos,un libro que, a finales de los años setenta, nos recomendó el recientemente fallecido Juan Trías Vejarano a sus estudiantes de Historia de las Ideas y de las Formas Políticas. El libro se titula Liberalismo y Fascismo: dos formas de dominio burgués, y su autor, Reinhard Kuhnl, un profesor marxista alemán, advertía contra la confusión de esas dos formas de dominio. Kuhnl, hablando del ascenso del fascismo en Italia durante los años veinte del pasado siglo, venía a decir que no es lo mismo que puedas hacer oposición en un parlamento liberal que te torturen en una cárcel fascista, y no le faltaba razón. 

 

Dice el autor que los socialistas italianos tardaron demasiado tiempo en darse cuenta de la diferencia entre liberalismo y fascismo, y que esa tardanza resultó fatal. Dice que tampoco el pequeño partido comunista dio mucha importancia a la diferencia entre ambasmodalidades de dominación burguesa, es más, llegaron a la conclusión de que los fascistas les harían un gran servicio acabando con los socialistas. Así lo contaba la “Rassegna Comunista” en 1922: “Si la burguesía actúa realmente en serio y se decide a ahogar a la socialdemocracia, habrá creado con ello -aunque parezca una paradoja- las condiciones ideales para su propia derrota y para la victoria de la revolución”.

 

Afortunadamente estamos muy lejos de aquellos tiempos y de aquellos actores políticos, pero algunas actitudes y algunos actos no dejan de tener un cierto aire de familia con los que relata Kuhnl. Estos días la señora Teresa Rodríguez, líder de Adelante Andalucía, ha presentado una proposición parlamentaria para reprobar a los tres últimos presidentes socialistas de la Junta de Andalucía que, naturalmente, las derechas han recibido complacidas. Siendo grave, no es lo más grave que la líder del Podemos andaluz confunda las irregularidades en la aplicación de los EREs con toda la política de ayudas a las empresas en crisis y a sus trabajadores. Lo más grave es que confunde las políticas socialdemócratas de fortalecimiento del Estado del Bienestar con la creación de una red clientelar. Resulta paradójico que tanto una incierta izquierda revolucionara de matriz comunista, como una cierta derecha reaccionaria de matriz franquista, coincidan en que las políticas del Estado del Bienestar son un incordio, en un caso porque retrasan la revolución, en el otro porque dificultan la mercantilización de la sanidad, la educación, el aseguramiento y las pensiones.

 

Quizá fuera prudente que todos empezáramos a distinguir, por tedioso que resulte. No es buena idea de los líderes de Podemos confundir el PSOE con las derechas. Ni de los líderes de Cs confundir al PSOE con ERC. Ni parece buena idea que ERC confunda al PSOE con el PP. No es una buena idea de algún sector del PP confundir a sus compañeros vascos con la antiEspaña. Tampoco ha sido buena idea de la izquierda confundir a las tres derechas en la misma, ni la idea de las tres derechas de confundirse entre ellas. Quizá hoy en política la mejor forma de distinguirse sea distinguir.

 

Publicado en los diarios SUR y El Correo, el 1 de diciembre de 2019.

No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: