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Sin gritos ni aspavientos

16 junio, 2019

 

Hace un par de semanas conocimos que un tribunal británico había aceptado a trámite una denuncia contra el político conservador Boris Johnson por haber mentido durante la campaña del Brexit. Entre otras notables falsedades el parlamentario y ex alcalde de Londres, afirmó que cada semana el Reino Unido pagaba cuatrocientos millones de euros a la Unión Europea. Y si resulta llamativo que un tribunal acepte tramitar una denuncia de este tipo, más llamativa resulta la respuesta del equipo jurídico del político conservador: “Ninguno de los actos objeto de queja se produjo en el curso de las obligaciones directas, parlamentarias o como alcalde, de Johnson, sino en el curso de la campaña política”. Esto es, sus abogados vinieron a decir: no negamos que nuestro cliente mintiera, pero lo hizo en campaña y eso no cuenta.

 

En una excelente crónica del periodista Rafa de Miguel, se reproducían algunos argumentos de los abogados del ahora candidato a primer ministro: “Se trataba de una afirmación política, abierta a contradicción y debate. Quedaba sujeto al sentido común de los votantes descontarla o no, según decidieran hacer”. Si Boris Johnson le hubiera vendido a uno de sus abogados un robot de cocina, fabricado por el propio Johnson en persona, diciéndole que mejoraría mucho su vida matrimonial y, tras unos meses de tenerlo arrumbado en la cocina de su casa, el abogado denuncia a Johnson por publicidad engañosa, la gente le diría que debería haber usado su sentido común. Otra cosa muy distinta es que Johnson le hubiera dicho que ese robot de cocina sirve para calentar la comida, y fuese mentira. En un caso así el comprador del cacharro de Boris Johnson no sería víctima de su falta de sentido común como consumidor, sino de una descarnada mentira. Pues eso es lo que ha hecho con sus conciudadanos el “angelito” al que están defendiendo tan astutos abogados.

 

Las últimas noticias que hemos podido leer sobre el tema es que, finalmente, la justicia británica ha decidido no procesar al señor Johnson, aunque las razones de esa decisión no las conoceremos hasta dentro de unos días. Entre tanto, Boris Johnson aparece como el político con más posibilidades de suceder a la dimitida primera ministra Theresa May.

 

Es posible que los populistas británicos, con la inestimable ayuda del presidente Trump, terminen por poner a Boris Johnson al frente del gobierno del Reino Unido. Es posible que, una vez en el gobierno, Johnson trate de llevar a cabo lo que se (des)conoce como un Brexit duro. Lamentablemente, a estas alturas, ese escenario parecen no solo posible, sino probable. La cuestión es cómo actuar ante políticos de esa calaña. Obviamente, lo más razonable no es ni legitimarlos, concediéndoles ventaja sobre otros políticos más honestos y sensatos, ni hacerles el juego, con agravios y aspavientos, alimentando su victimismo.

 

El verdadero poder habla con educación y sin necesidad de alzar la voz. La Unión Europea puede hablarle así a los políticos mentirosos del Brexit. También aquí deberíamos usar así el poder de nuestra democracia.

 

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 16 de junio de 2019

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