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No usarás su nombre en vano

10 marzo, 2019

 

Estos días se cita, con razón, a Machado, cuando afirma que en España “los señoritos invocan a la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva”. Quizá porque la patria, o la nación, aunque no sean sinónimas, pasaron a ocupar el puesto de la divinidad, quienes más creen en ellas son, precisamente, quienes menos se atreven a usar su sagrado nombre en vano. Lo que ocurre es que hay personas para las que si no tienes todo el tiempo el nombre de España en la boca y la bandera en la mano, no eres un español de fiar. En realidad lo que quieren decir esas personas es que si no ganaste la Guerra Civil no eres verdaderamente español, sin haberse enterado de que esa guerra la perdimos todos, ni de que lo que ganamos todos fue la democracia. De esto último, por cierto, tampoco se han enterado algunos que ahora dicen que la democracia fue un regalo de la dictadura. En todo caso, para esos que van repartiendo el título de español, también te da puntos en su escala de españolismo ser machista, homófobo, y rezar mucho y pensar poco, según va predicando a la juventud por los bares de España uno de los líderes de la extrema derecha. Para ellos Trento se quedó demasiado a la izquierda, aunque eso no impide que se divorcien y tengan amantes, hasta ahí podríamos llegar. Porque lo suyo no es más que propaganda del hiper, como decíamos en mi juventud, para distraernos con la bolita mientras nos despluman.

Antes de que le dieran el premio Nobel a Kahneman, los trileros, los publicistas y demagogos de toda ralea, conocían desde hace siglos los sesgos cognitivos del cerebro humano. Como en los programas de ordenador, nuestro cerebro tiene unas puertas traseras por las que se nos puede hackeareficazmente. También es verdad que conociéndolas podemos poner parches que impidan ese tipo de accesos malintencionados. Gracias, Kahneman. Hace mucho tiempo que, en todas las sociedades como la nuestra, cierta gente se dio cuenta de que pueden usar las banderas como capotes, que no es la forma más digna de usarlas, pero que les funciona. Y cada vez que ven perder sus privilegios agitan la bandera para que la gente vote a la par por la unidad de España y, de matute, la privatización de las pensiones, sin que se sepa por qué razón han de ir las dos cosas juntas, cuando son tan contradictorias.

Los socialistas hemos discutido entre nosotros en esta legislatura sobre si era viable, o no, un gobierno sostenido parlamentariamente por los independentistas catalanes y los populistas, hemos discutido sobre si era pertinente abstenernos y permitir un presidente bajo sospecha para que hubiera legislatura, o si debíamos ir a terceras elecciones, debates a veces desgarradores, pero nunca, nunca, ninguno de nosotros se planteó, se plantea o se planteará hacer nada que sirva para romper España. No es propio de socialistas usar la bandera de España como engaño para distraer al personal de otras operaciones. Nunca lo hemos hecho, y cuesta reconocer como socialista a quien lo hace, aunque haya militado en nuestras filas.

 Publicado en los diarios SUR y El Correo el 10 de marzo de 2019

 

 

 

 

 

 

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