Saltar al contenido

No aprendemos

27 enero, 2019

 

Hay algo bueno en que las cosas malas se nos olviden pronto, y algo malo también. Después de vivir una situación traumática lo que más deseamos es olvidarla y poder seguir viviendo nuestra vida sin grandes sobresaltos. Es normal que demos por supuesto el bienestar, sobre todo cuando lo disfrutamos durante un largo periodo de tiempo, pero no está tan claro que el bienestar sea el estado del mundo por omisión, y justo eso es lo que se nos olvida. Porque, en general, hay que currarse mucho el bienestar personal, y el de todos, si es que eres lo suficientemente listo como para darte cuenta de que el bienestar de todos suele ayudar bastante al tuyo.

 

En estos últimos tiempos algunos analistas se muestran muy sorprendidos de que haya reaparecido algo que antaño se bautizó como franquismo sociológico, como si alguna vez hubiera desaparecido. Lo cierto es que siempre estuvo ahí, generalmente integrado en las filas del PP. Se supone que si usábamos el término franquismo sociológico, en lugar de franquismo a secas, es porque necesitábamos distinguir entre unos cuantos centenares de nostálgicos que cada 20N se congregan en la Plaza de Oriente o en el Valle de los Caídos con sus banderas y correajes, de un número bastante más grande de personas que han seguido ligadas en sus emociones y en sus valores a la dictadura del general Franco. De hecho en una encuesta que realizó el CIS en 2008 con motivo de la llamada Ley de la Memoria Histórica, un 35% de las personas entrevistadas se mostraba más bien de acuerdo con la frase: “Durante el franquismo había más orden y paz que ahora”. Es verdad que la respuesta variaba con la edad. Entre los mayores de 65 años el acuerdo llegaba al49%, y entre los de 18 a 24 años, el acuerdo se quedaba en el 25%. Muchas de la personas que contestaban favorablemente podrían integrarse en el franquismo sociológico, aunque no en el franquismo político, pero qué duda cabe de que el primero siempre estuvo ahí para nutrir al segundo en el momento oportuno, que siempre es el más inoportuno.

 

Aunque para inoportuna, una incierta izquierda, que por decirlo con una metáfora seguramente exagerada, justo en el momento en que constata que se está produciendo una invasión extranjera, se mete en una guerra civil. Sus líderes sin andarse con disquisiciones sobre si se trata de la derecha ultra o extrema, tocan a rebato contra el fascismo, eso sí, se ven tan fuertes, que para la tarea les sobra no solo la derecha democrática liberal sino, por poner un ejemplo, todo el socialismo andaluz, al que consideran traidor, o directamente todo el socialismoespañol, para qué van a andarse con remilgos. Por si fuera poco, justo en puertas de unas elecciones decisivas, se meten en una batalla campal entre ellos mismos. 

 

En estas cosas pensaba yo el martes pasado en el escaño, mientras escuchaba a los portavoces de Unidos Podemos explicar que se oponían a la convalidación de algunos Reales Decretos del gobierno socialista, por responsabilidad y para que los socialistas aprendamos. Y es que no aprendemos. 

 Publicado en los diarios SUR y el Correo el 27 de enero de 2019

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: