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En los pañales del otro

20 enero, 2019

 

Una de las cosas buenas y malas de la condición humana es que nos olvidamos constantemente de su carácter menesteroso. Hoy, por ejemplo, estás despotricando contra la presencia de inmigrantes en nuestro país y mañana unode ellos, joven y fuerte, te está diciendo solícitamente:“abuelo Santiago, acompáñeme, que le voy a cambiar el pañal”. Es curioso, cuando tienes cuarenta años, que es más o menos la edad media de nuestros nuevos líderes nacionales, esa idea, la de que alguien te va a cambiar el pañal ni se te pasa por la cabeza, pero veinte años más tarde la idea en cuestión pasa cada vez temporadas más largas en tu pensamiento. Y eso si duras, claro.

 

Los pañales dan una perspectiva muy relevante de las cosas, la pena es que, en la infancia por unas razones y en la vejez por otra, no te acuerdas de las cosas que has aprendido en pañales. De modo que si queremos entender algo de la vida nos toca hacer el ejercicio de ponernos en los pañales de otro, generalmente de nuestros hijos o de nuestros padres, antes de que nos tengamos que poner en nuestros propios pañales y ya sea tarde. Y lo primero que se aprende es que somos muy vulnerables por enemigos comunes a todos, y que por muy fuerte, muy joven y muy listo que seas, la enfermedad y la vejez están esperándote en un recodo del camino que no puedes imaginar, para fastidiarte justo cuando pensabas que era el momento de disfrutar de las cosas sencillas de la vida. 

 

Siento que a lo largo de mi vida como parlamentario me he visto demasiadas veces envuelto en debates que se me antojaban absurdos, como despenalizar las injurias a España, en lugar de discutir, por ejemplo, sobre nuestra estrategia como país para combatir el cáncer o la enfermedad de Alzheimer. Obviamente despenalizar las injurias a España no ha sido nunca una iniciativa de mi grupo parlamentario, pero basta con que alguien la plantee en su cupo de iniciativas para que todos los demás nos hayamos visto en la tesitura de fijar la posición de cada uno de nuestros partidos. De modo que te tienes que dedicar a esos asuntos en lugar de a otros que son los que te llevaron a dedicarte a la política.

 

En abril de 2006, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó el proyecto de la llamada ley de la dependencia, su presidente, tenía 45 años, y el ministro y la secretaria de estado competentes en el asunto, respectivamente Jesús Caldera y Amparo Valcárcel, tenían 47. Un proyecto que, por cierto, habían concebido unos años antes, en la oposición, de modo que resulta evidente que la juventud no te impide entender algunas cosas, como los años no te garantizan la comprensión de otras. El presidente Kennedy concibió el proyecto de enviar un americano a la Luna, el sueño del presidente Obama era acabar con el cáncer, y dispusieron de los enormes recursos de su país para esos propósitos. Y ahí tenemos al presidente Trump, tratando de construir la muralla china al sur de los Estados Unidos, cada vez con más seguidores, determinados a levantar muros y fronteras entre nosotros, en lugar de levantar la mirada.

 

Publicado en el diario SUR el 20 de enero de 2019

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