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Trump y los Reyes Magos

6 enero, 2019

Si dijera que vivimos malos tiempos para la ironía, probablemente Steven Pinker me diría, con razón, que estoy completamente equivocado, porque nunca hubo tantas personas cultas e inteligentes como ahora, y la ironía va de la mano de la inteligencia y la cultura. Ambas las demostró a raudales Thomas de Quincey cuando escribió en El asesinato entendido como una de las bellas artes: «si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse».

 

Me acordé de la cita de Quincey al leer sobre el escándalo que hace unos días provocó el presidente Trump a raíz de una conversación telefónica que, con motivo de la Navidad, mantuvo con un niño de siete años. En su conversación, el presidente de los Estados Unidos le preguntó al niño si creía en Santa Klaus, a lo que estecontestó afirmativamente. Fue entonces cuando el presidente Trump sintió que era más listo y estaba más enterado que su interlocutor, y no dudó en hacérselo saber, provocando el mencionado escándalo. Y no soy más explícito para no hacer un “spoiler” y fastidiar a mis abundantes lectores de siete años en un día como el de hoy.

 

El caso es que, si eres presidente de la primera potencia del planeta, y comienzas por permitirte oponerte al acuerdo mundial para evitar el cambio climático, pronto no le darás importancia a que los desarreglos en el clima, junto con unas élites políticas deplorables, provoquen graves hambrunas en ciertos países cercanos al tuyo. Y si no te preocupa fastidiarles sus medios vida, tampoco te preocuparás por ayudarles a encontrar otros nuevos. Y de la indiferencia ante el hambre, la pobreza y la violencia que sufren en sus países, pronto pasarás a oponerte a darles trabajo y refugio en el tuyo, para lo cual querrás construir un gran muro que haga imposible que esas personas puedan traspasar tus fronteras. Obviamente, si no te importa su sufrimiento, seguramente te parecerá razonable exigirles a quienes quieren entrar en tu país que paguen ellos mismos la construcción del muro que se lo impida, añadiendo la humillación a las lista de padecimientos de esas personas. Entre los cuales estaráque padres y niños mueran de sed en el desierto. Y, si eres capaz de dejar que los niños mueran en el desierto intentando acceder a tu país, de ahí a desternillarte de risa porque un niño de siete años desconozca la verdadera identidad de Santa Klaus, ya solo hay un paso. Así que no me extraña la escandalera que se ha organizado en Estados Unidos. Porque en ese país probablemente son todos muy lectores de Thomas de Quincey y, como me ha sucedido a mí, seguro que se han dado cuenta de la inmensa pendiente moral por la que se ha debido deslizar el presidente Trump hasta llegar a la iniquidad de burlarse de la inocencia de un niño de siete años.

 

Publicado en el diario SUR el 6 de enero de 2019.

One Comment
  1. 7 enero, 2019 0:11

    ¡Vaya secuencia la del clima a Santa Claus, tan políticamente correcta como fácticamente imprecisa! En fin, contra Trump todo está permitido, y más el día de los Reyes Magos.

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