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A mesa puesta

30 diciembre, 2018

 

En política, como en la vida, vemos venir determinadas acciones de personas o partidos mucho antes de que ellos mismos reconozcan que van a hacerlas. No solo que lo reconozcan ante los demás, sino, en ocasiones, ante sí mismos. Quizá porque esas personas, o esos partidos, tarden en ser conscientes de la verdadera jerarquía de sus valores, o de sus intereses, o quizá porque no comprendan del todo la lógica de la realidad política en la que están inmersos. También puede ocurrir sencillamente que las condiciones cambien y lo que, en un momento dado,parecía el mejor modo de promover determinados objetivos legítimos, en otro momento puede resultar el peor modo de hacerlo. Podemos atribuir todos esos casos,en los que las acciones finales no se corresponden con losanuncios previos, a la estupidez humana, o sencillamente a nuestra menesterosa condición de sujetos en la historiamás que de sujetos de la historia. En cualquier caso, una señal de la autenticidad de las intenciones previas de esas personas o partidos, cuando no coinciden con las acciones finales de los mismos, es el desgarro interno que la contradicción les produce.

 

Otras veces no se reconoce públicamente lo que se va a hacer, simplemente porque se ha decidido no mostrar las verdaderas intenciones hasta el momento de la acción, es decir, porque se está mintiendo. Las tímidas protestas de Ciudadanos y PP sobre su deseo de no “contaminarse” con un pacto con Vox en Andalucía, su desganado paripé, se acabaron el jueves pasado en la elección de la Mesa del Parlamento Andaluz. La derecha, una y trina, se ha repartido el poder del órgano de gobierno de la cámara de representación andaluza del mismo modo que hará con cualquier otro poder político que tenga a su alcance a lo largo del próximo ciclo electoral. No queda nada de sus protestas de pureza democrática frente a Vox, porque, en realidad, todos son hijos del presidente Aznar.

 

Conste que ni siquiera estoy discutiendo la legitimidad de lo que han hecho, del mismo modo que nunca tuve dudas de que todo el paripé no era más que eso, una representación teatral. Lo que me fastidia es el poco empeño que han puesto en hacerla, la nula imaginación, la casi completa ausencia de disimulo. Los andaluces, en general, merecíamos un espectáculo de más calidad, que guardaran las formas durante un poco más de tiempo, antes de entregarse promiscuamente al asunto al que iban desde el principio. Mal le va a ir a la derecha si todo lo que tiene que ofrecer en Andalucía es un producto de tan bajo nivel.

 

No hace tanto un veterano diputado de Unidos Podemos en el Congreso afirmaba en una entrevista: “mi tarea es contribuir con mi granito de arena a combatir el régimen político andaluz instaurado por el PSOE”. Los dioses castigan a los seres humanos cumpliendo sus deseos, decían los clásicos. ¿Quién les iba a decir a los comunistas, o como se llamen ahora, la forma en que los dioses han cumplido sus deseos en Andalucía? Quizá algunos comprendan ahora por qué los socialistas han sido reelegidos durante treinta y seis años consecutivos.

 

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 30 de diciembre de 2018

One Comment
  1. 1 enero, 2019 19:31

    Mal le va a ir a la derecha… Solo falta que le vaya bien a la izquierda, ¿también a la que ve su misión en derrotar al PSOE?. Próspero año 2019.

Los comentarios están cerrados.

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