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Dar las Pascuas

23 diciembre, 2018

Cuando le di la mano a mi visita, una diplomática de un país vecino, mientras me disculpaba por haberla hecho esperar unos minutos, sentí que tenía la suya helada. Ha hecho bastante frío estos días en Madrid. De modo que le propuse celebrar nuestra reunión en la cafetería del Congreso para que un café le ayudara a entrar en calor. Le expliqué que me había quedado en el Hemiciclo hasta que el ministro de Cultura, José Guirao, terminara de responder a la oposición, que por primera vez le preguntaba en una sesión de control desde que se hizo cargo de la cartera ministerial.  

 

Como cabía esperar, mi visita, que venía a hablar de política cultural, tuvo curiosidad por las preguntas de la oposición al ministro de Cultura. Una pregunta era sobre los belenes navideños, y la otra sobre los toros y la caza, le respondí. Los diplomáticos suelen ser personas contenidas, y mi interlocutora ni siquiera pestañeó, pero obviamente no eran los temas que ella traía cuidadosamente apuntados en su agenda, que más bien iban orientados a la armonización fiscal, la propiedad intelectual y la cooperación cultural entre nuestros países. De todos modos, para que no le pareciéramos unos marcianos del todo, le expliqué que las preguntas del PP respondían a una estrategia, que no es solo del PP, de nacionalización del debate político en España. 

 

Aunque con obvias diferencias entre unos y otros, ni los toros ni la caza, ni por supuesto las tradiciones navideñas son asuntos particularmente conflictivos, en un sentido amplio, en la sociedad española, pero el nacionalismo puede hacer de cualquier asunto una bandera, y transformar las cosas más pacíficas e insospechadas en un buen motivo de bronca universal. Y el nacionalismo, en su peor expresión, se ha enseñoreado de la política española en los últimos años. De modo que ahora si dices felices fiestas en lugar de feliz navidad, algunos te consideran poco español.

 

Cuando los diputados del PP le preguntaban al ministro de Cultura sobre los belenes o los toros, le estaban haciendo algo parecido a una Jura de Santa Gadea, un examen de españolidad, que es algo a lo que la derecha tiene mucha afición a exigirle a la izquierda a la mínima oportunidad. Curiosamente la derecha, que se siente muy molesta con lo que ella misma llama la superioridad moral de la izquierda, nunca se ha planteado qué méritos le asisten para reclamar la primogenitura en el amor a España.  

 

Mientras hablaba con la diplomática sobre qué estrategias conjuntas podían desarrollar nuestros dos países para fortalecer la cultura en una Europa que vuelve a las andadas nacionalistas, pensaba que quizá los marcianos éramos ella y yo. Porque el nacionalismo no solo es más poderoso que el internacionalismo de la izquierda, sino que lo es también más que el cristianismo. Como demuestra el hecho de que quienes más dicen que creen en lo que significan estas fiestas puedan convertir el belén en un instrumento de combate contra sus adversarios políticos. Y en lugar de algo tan español como darnos las Pascuas, que decían mis abuelas, nos la están haciendo.

Publicado en el Diario SUR el 23 de diciembre de 2018

One Comment
  1. 23 diciembre, 2018 23:07

    Pues bien. con Belén o con Arbol de Navidad, o sin ninguno de los dos, ¡Felices Fiestas de Navidad y/o solsticiales!.

Los comentarios están cerrados.

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