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Otro artículo sobre Bolsonaro  

4 noviembre, 2018

Me cuesta entender la política española, y eso que España es mi país y la política es a lo que me dedico desde hace muchos años. De modo que cuando hablo de lo que ocurre en otros países, me siento como si estuviera en una pista de hielo sin haberme puesto unos patines en toda mi vida, como es el caso. Pero como la ignorancia es audaz, y esta mañana del día de Todos los Santos no se me ocurre nada mejor de lo que escribir, compartiré con la infortunada lectora, o lector, de esta columna dominical algunas inquietudes de las muchas que me produce la victoria del señor Bolsonaro.

 

Sucede en Brasil lo mismo que ocurrió hace un par de años con la elección de Donald Trump en Estados Unidos. El presidente Trump tuvo una ventaja decisiva entre varones blancos y de clase media, y esa ventaja es la que ha tenido también Bolsonaro. Seguramente la explicación de por qué los hombres preferían al candidato machista y homófono sea la más sencilla, pero no es la que necesitamos. Porque lo cierto es que no todos los hombresnorteamericanos votaron a Trump, ni todos los brasileños han votado a Bolsonaro. Lo que necesitamos explicar es una ventaja relativa, concretamente por qué uno de cada dos hombres brasileños declaraban en las encuestas preelectorales sus preferencias por Bolsonaro y solo uno de cada tres hombres las declaraban por Haddad.

 

De igual modo podemos decir que la mayoría de las mujeres brasileñas preferían a Haddad frente al machista Bolsonaro, pero haríamos mal en tranquilizarnos, porque esa “mayoría” de mujeres que declaraban sus preferencias por Haddad en las encuestas anteriores a la segunda vuelta era del 40%, frente a la “minoría” del 39% que prefería a Bolsonaro. Lo bueno de las encuestas, y también lo malo,es que suelen rompernos los esquemas mentales con los que entendemos el mundo. Por desgracia nuestras explicaciones son tanto mejores cuanto menos tienen que ver con la realidad.

 

Desde que empecé a estudiar Sociología, allá por 1977, un buen número de mis profesores y colegas de la izquierda me han explicado que cuando las cosas van mal, los pobres, los excluidos, los de abajo, porque los nombres van cambiando con las décadas, son los interesados en un cambio revolucionario, y que los explotadores, opresores, o los de la casta y los de arriba, que es como se llamaban hasta hace unos meses, son los menos interesados en la revolución. Sin embargo, algo no encaja, porque, ya sea en Estados Unidos o en Brasil, o en otros lugares más cercanos aunque no necesariamente más inteligibles, como Italia y España, las encuestas electorales nos muestran que quienes tienen niveles más altos de estudios e ingresos tienden a votar, en mayor proporción que quienes tienen niveles más bajos, a los líderes que están dispuestos a hacer saltar el sistema político por los aires. 

 

A veces tengo la impresión de que una parte de la izquierda todavía no se ha dado cuenta de este desencuentro entre la teoría y la realidad, y lo peor es que están creciendo, el desencuentro y esa izquierda. Y con ellos, los Bolsonaro.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 4 de noviembre de 2018

One Comment
  1. 4 noviembre, 2018 12:23

    De acuerdo. No puedo menos de sentirme ‘interpelado’ por la referencia a los profesores y colegas de la izquierda. En efecto, lo que enseñamos no basta para entender la política real. Y es que enseñamos una u otra forma de teoría de raíz marxista, la de la lucha y la conciliación de las clases, pensando en estrategias políticas nacionales y, lo que es peor, pretendiendo explicar con ella la política internacional (el imperialismo como consecuencia del capitalismo, por ejemplo) contra toda evidencia. Y ahí siguen muchos, todavía, y sí, hasta creciendo.
    En desacuerdo. Le Pen, Salvini, Trump, o Bolsonaro no pretenden hacer saltar el sistema político por los aires, y desde luego mucho menos que los partidos comunistas o sus herederos. No se debe identificar la democracia con los valores del ‘liberalismo tolerante’, excluyendo de ella a los que están por controlar la inmigración, castigar la delincuencia, apoyar la natalidad o reducir los impuestos y las políticas redistributivas. Los ‘liberales tolerantes’ deberían quizás mirar con algo más de comprensión y de tolerancia a los nacionalistas y religiosos que pretenden mantener el status quo de sus países; bastaría con una parte de la comprensión y la tolerancia que muestran para los nacionalistas y religiosos que pretenden alterarlo.

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