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Pensión vitalicia

23 septiembre, 2018

El miércoles es, a mi entender, el día más interesante de la semana en el Congreso. En la sesión de control se ponen en práctica las estrategias políticas y las tácticas parlamentarias. Las preguntas y las interpelaciones dan la medida de la profundidad, del ingenio, o de la brillantez, de las ideas y de quienes las sostienen. Ese día me gusta llegar al Congreso un buen rato antes de que comience el Pleno. Entrar por la puerta de la verja que da al patio, llegar hasta la barrera que forman los periodistas en la puerta del Hemiciclo, coger un par de caramelos de la bandeja que hay a la entrada, permanecer de pie en mi sitio mientras se llena la sala, intercambiar alguna broma con mis vecinos de escaño hasta que llegan los líderes y la presidenta Pastor da comienzo a la sesión.

Este miércoles, bajando por la Carrera de San Jerónimo, vi salir por la puerta de Cedaceros a una docena de diputados y diputadas de diferentes formaciones políticas, que llevaban una mesita de playa, de esas plegables, con una silla del mismo estilo y un cartel enrollado. Al llegar a los leones, desplegaron la silla y la mesa, y colocaron con cinta adhesiva el cartel. A la par que los policías del Congreso, que estaban perplejos, y unos periodistas con una cámara, que trataban de pescar a algún diputado incauto para reírse de él por la noche, me acerqué a los de la mesa. Al aproximarme pude leer en el cartel: “Hoy renunciamos a la pensión vitalicia”. Asombrado, les dije a mis colegas: “pero si no tenemos pensión vitalicia”. A lo que una diputada de Unidos Podemos me contestó: “no te fastidia, claro que no, pero nadie nos cree”. Un diputado del PP añadió: “por eso, si renunciamos a ella, acabamos con la leyenda urbana”, a lo que asentían con entusiasmo varios jóvenes diputados y diputadas del PSOE y de Ciudadanos. “Avisa a los que están en el Pleno”, me dijeron, mientras empezaban a enviar mensajes a los compañeros por sus teléfonos móviles.

Al poco rato, frente a una nube de cámaras y fotógrafos, habíamos firmado más de trescientos diputados. Algunos hacían declaraciones muy solemnes después de firmar, señalando el carácter regenerador de la medida. La gente empezaba a mandar mensajes de apoyo en las redes sociales, hasta que, maldita sea, en una tertulia televisiva alguien dijo: “¡no tienen  vergüenza, esto es un fraude, no pueden renunciar a algo que no tienen, los políticos le están tomando el pelo a la gente que sufre!”. A partir de ese momento, la situación se hizo insostenible, las redes sociales ardían de indignación. Los líderes de los principales partidos se reunieron urgentemente en la zona del Gobierno, a la entrada de Palacio, y acordaron, para salvarnos el cuello a los que habíamos firmado, que se trataba de una renuncia a futuro, que nunca aceptaríamos una pensión vitalicia, si la hubiera, pero que no la iba a haber, porque habíamos renunciado preventivamente a ella.

En eso sentí que mi mujer, tirándome del brazo, me decía: “despierta, que vas a llegar tarde al Pleno”. Al llegar al Congreso, la situación había empeorado.

Publicado en los diarios SUR y el Correo el 23 de septiembre de 2018

One Comment
  1. 23 septiembre, 2018 22:49

    ¡Muy bueno!

Los comentarios están cerrados.

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