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Enemigos necesarios

16 septiembre, 2018

El pasado jueves escuchaba a la portavoz de Unidos Podemos decir en la tribuna del Hemiciclo que todos los demócratas son antifascistas, y es verdad; pero también es verdad que no todos los antifascistas son demócratas. Un ejemplo: Stalin era un antifascista, pero no era un demócrata. Otro ejemplo más actual, el primer ministro rumano Viktor Orban es un anticomunista, pero no es un demócrata.

La verdad es que hay muchas formas de no ser un demócrata y caerle bien a la gente, incluida la gente demócrata. Demasiadas. Se suele decir que los enemigos de mis enemigos son mis amigos, pero solo mientras acaban con mis enemigos, luego conviene tener cuidado. Aunque también conviene tener cuidado con los amigos, sobre todo a la hora de prestarles libros. De hecho tengo un amigo muy querido que en el milenio pasado me perdió para siempre un maravilloso libro, que yo tenía subrayado, de Theodore Caplow, titulado “Dos contra uno: teoría de las coaliciones en las tríadas”.

En ese libro Caplow propone un juego entre tres jugadores, llamémosles: Amancio, Benita y Casimiro. Amancio es más fuerte que Benita, y Benita más fuerte que Casimiro, pero Benita y Casimiro, cuando se alían entre ellos, le ganan a Amancio. Pues bien, Caplow demuestra en el libro que la alianza más frecuente es la que se produce entre Benita y Casimiro. Con el libro de Caplow me pasó como cuando mi mujer estaba embarazada, que veía embarazadas por todas partes, a pesar de que eran años de baja natalidad, después de leerlo solo veía tríadas y coaliciones. Por ejemplo, en las sociedades patriarcales, la alianza más frecuente es la de la madre con el hijo, o los hijos, frente al padre. Otra bastante común en la mayor parte de las sociedades conocidas es la alianza de la pareja con su madre, frente al otro miembro de la pareja, lo que hace que el tabú de la suegra sea prácticamente universal, como explicaba Caplow en su libro. Con todo, el sociólogo norteamericano señala que la alianza entre Benita y Casimiro tiene una cautela, y es que a Casimiro no le interesa que Benita destruya completamente a Amancio. Porque si Benita, con la ayuda de Casimiro, destruye a Amancio, luego Casimiro estará a merced de Benita.

En los años treinta del pasado siglo, la burguesía democrática de derechas, asustada por el totalitarismo stalinista dejó que creciera el fascismo, y se alió con él, luego el fascismo acabó con la burguesía democrática y con la democracia misma. En otros lugares pasó al revés, el auge del fascismo hizo que la izquierda democrática se arrojara en brazos del stalinismo.

Se me ocurren dos enseñanzas. La primera es que quienes sueñan con la completa aniquilación de su adversario deben asegurarse de que no lo necesitan para sobrevivir, no vaya a ser. La segunda es que la izquierda democrática no debería empujar a la derecha democrática en brazos del autoritarismo de derechas, y que, a la inversa, la derecha democrática debería cortarse un poco a la hora de llamar a todo el mundo terrorista o socio de los terroristas.

Publicado en el diario SUR el 16 de septiembre de 2018

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