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El vídeo es el mensaje

29 abril, 2018

Hace unas semanas escribí un artículo en el que hacía una interpretación un tanto libre y extensiva de lo que es violencia. Un amigo, experto jurista, me dijo que probablemente como sociólogo yo tenía razón, pero que en el derecho penal es fundamental atenerse a la literalidad del código y no permitirse muchas libertades interpretativas. De modo que me abstendré prudentemente de hacer ningún juicio sobre cualquier sentencia. No obstante me parece legítimo hacer algunas reflexiones no jurídicas sobre la fuerte discrepancia entre gran parte de la opinión pública y la sentencia que hemos conocido esta semana. ¿Cómo es posible que los tres jueces, que han visto las imágenes del vídeo, digan que no ha sido una violación y tantas personas, que no las han visto, digan que sí lo ha sido? Quizá en torno a la existencia del vídeo esté una posible explicación de esa discrepancia.

Ahora Facebook, para evitar suplantaciones de identidad, nos avisa si alguien ha subido una foto nuestra a Internet. Obviamente, para que el programa funcione, antes debemos mostrarle a Facebook una imagen auténtica de nuestro rostro. Los tres jueces, tras ver el vídeo, tienen, al menos dos interpretaciones muy diferentes de lo que sucede en él. ¿Qué esperaban encontrar para tener la certeza absoluta de que se trataba de una violación? Obviamente ninguno encontró lo que esperaba, pero ¿qué tenían derecho a esperar? ¿Con qué imágenes mentales comparaban las que veían en el vídeo?

No todas las violaciones reales son iguales, y no creo que haya una muestra representativa de vídeos de todas las violaciones reales. Tanta vileza y tanta idiotez juntas, como para grabarlas, no deben ser muy frecuentes. Así que lo más probable es que los jueces hayan visto, más o menos, las mismas violaciones que hemos visto cualquiera de nosotros, y en el mismo sitio: en una película. Y, por tanto, la única referencia que tenemos todos son violaciones en la ficción. De modo que es posible que, si la realidad no se parece a la ficción, sea la realidad la que se lleve la peor parte, porque no se puede reconocer lo que no se conoce.

La gente que no ha visto el vídeo tiene menos dificultades que los jueces para llegar a la conclusión de que se trata de una violación, porque la clave de lo sucedido es la existencia del vídeo, y no su contenido. Ya lo decía Thomas de Quincey, se empieza robando y matando y se termina por no dar los buenos días. Si cinco tíos hacen ese vídeo de una chica, le roban el móvil, y la dejan desnuda y abandonada, es fácil deducir qué ha pasado antes.

El mensaje no está en el vídeo, sino que el vídeo es el mensaje. Muchas personas comprendieron, casi con las vísceras, al ver el vídeo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que el verdadero crimen no era el robo de unos tarros de crema, sino la existencia de una mafia que había guardado esas imágenes durante siete años para chantajear a una política y destruir a un ser humano. Decía Marshall McLuhan que el medio es el mensaje, y creo que todo el mundo ha comprendido el mensaje.

Publicado en el diario SUR el 29 de abril de 2018

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