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Telediario avinagrado

4 febrero, 2018

Le valió un premio Nobel, pero la mayor parte de la Humanidad ni se ha enterado del regalo que nos hizo Daniel Kahneman, junto con su colega y amigo Amos Tversky, y es una pena. O muchas, para ser más exactos. El otro día, mientras perpetraba una sopa rusa con remolacha y repollo, la sopa borscht, me puse el telediario para amenizar la parte en que se pelan las hortalizas y se cortan finas tiritas de remolacha. En menos que se pela una cebolla, contaron la noticia de tres adolescentes, de entre catorce y dieciséis años, que presuntamente han matado a una pareja de ancianos que tuvieron la mala suerte de ser vecinos suyos. Por lo visto, a pesar de su juventud, todos ellos tenían una larga trayectoria delictiva que, finalmente, parece haber acabado en una macabra graduación.

Justo antes, o después, de esta noticia, el presentador dio otra sobre el juicio a un guardia civil que, estando de permiso, persiguió y tiroteó con su arma reglamentaria a un inmigrante marroquí cuyo único delito fue tener la mala suerte de cruzarse con su asesino, que, según explicaban en la televisión, a las siete y media de la mañana ya iba drogado.

Seguidamente contaron el caso de otro hombre, que iba en silla de ruedas, y al que, sin mediar palabra, dos individuos golpearon brutalmente, dejándolo tirado en la acera, sin poder moverse, mientras lo cegaba la sangre que manaba de su cabeza. El presentador del telediario aventuraba que quizá la causa de la agresión fuera precisamente que no podía defenderse. No sé si es porque no había más casos en España ese día, o porque conviene darle una pátina cosmopolita a los telediarios, pero la siguiente noticia trataba sobre esa cruel pareja norteamericana que ha tenido varios lustros encerrados en condiciones inhumanas a su numerosa prole.

A esas alturas ya no tenía ganas de comer, ni de nada. Seguí con los preparativos de la sopa porque, no sin razón, mi familia no se iba a creer que no la había hecho por culpa del telediario. Y de pronto me acordé de Kahneman, y su colega Tversky, que descubrieron que el cerebro humano tiene algunos sesgos cognitivos que vienen de fábrica, y uno de ellos es que cuando pensamos, no tenemos en cuenta toda la realidad, sino los elementos de la realidad disponibles en nuestra mente en ese momento. Si nos vamos a vivir frente a una consulta ginecológica, pensaremos que la natalidad está creciendo a pesar de las estadísticas, y si es frente al tanatorio, concluiremos que lo de las pensiones no va a ser tanto problema. Y también me acordé de Steven Pinker, que ha demostrado, con gran cantidad de datos, que los seres humanos de ahora somos más pacíficos que nunca en la historia, y que, la inmensa mayoría de la gente es buena. Los telediarios no se hacen con estadísticas, sino con casos, pero resulta que son casos contrarios a las estadísticas. Por eso no siempre es bueno hacer política con las informaciones del telediario. Ni sopa. Fue, justo ahí, cariño, si lo estás leyendo, con tanta gente en la cocina, que se me fue el santo al cielo y me pasé con el vinagre.

Publicado en el diario SUR el 4 de febrero de 2018.

One Comment
  1. 5 febrero, 2018 1:52

    Ingenioso y a la vez profundo: “Los telediarios no se hacen con estadísticas, sino con casos, pero resulta que son casos contrarios a las estadísticas”. Pero también es verdad lo contrario: Los telediarios se hacen con estadísticas, que muchas veces resultan estadísticas contrarias a los casos que uno conoce. ¿Cómo funciona entonces el cerebro humano?.

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