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Nobleza lunar

21 enero, 2018

La experiencia propia nos ayuda a reconocer el valor de la experiencia de los demás. La madurez, más que en dar consejos, consiste en saber aceptarlos. Conforme he ido adentrándome en la vida, al precio de adentrarme en los años, he aprendido a valorar el consejo evangélico que dice: “no juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados”. Obviamente Jesús no estaba proponiendo a sus seguidores una cultura de la “omertá”, al estilo de la mafia siciliana, sino anticipándose a la ética kantiana que recomienda no exigir más a los demás de lo que nos exigimos a nosotros mismos.

De modo que cada vez me cuesta más juzgar a los demás, porque la cara experiencia me ha hecho comprender que la vida, con toda su complejidad y contradicciones, nos hace a todos mucho más frágiles e incoherentes de cómo, indulgentemente, nos vemos. Al denunciar la quiebra de los demás generalmente no reparamos en que quizá las circunstancias que los quebraron a ellos nos hubieran roto aún más a nosotros. Por eso suelo optar por callarme.

Sin embargo viendo esta semana los comportamientos de dos veteranos y destacados ex dirigentes del socialismo catalán, no he conseguido reprimir el deseo de decir algo al respecto. Ambos políticos, con opiniones muy divergentes sobre la cuestión catalana, han abandonado las filas socialistas. Uno, hace ya varios años, hacia el secesionismo, el otro, recientemente, hacia algún lugar en el que lo valoren como cree que no es valorado en el seno del partido que tan alto lo elevó.

Asumiendo, preventiva y humildemente, que mi juicio podrá ser vuelto contra mí mismo en un futuro siempre imprevisible, he de decir que ambos casos me han recordado, quizá injustamente, la distinción que hace Ortega en “La rebelión de las masas” entre la nobleza hereditaria en Occidente y en China. La nobleza hereditaria es siempre una nobleza lunar, en la que el brillo del heredero es el reflejo de la luz que desprende el noble al que se hereda. En Occidente se trata de la herencia de un antepasado tan muerto como su nobleza. “Los chinos –dice Ortega-, invierten el orden de la transmisión, y no es el padre quien ennoblece al hijo, sino el hijo quien, al conseguir la nobleza, la comunica a sus antepasados, destacando con su esfuerzo a su estirpe humilde”. En el caso chino es la nobleza de los vivos la que da brillo a los muertos de su familia.

Diría que los méritos en nuestra vida tienen, al final, más bien el orden hereditario de China. Son las acciones que realizamos en el presente las que honran o deshonran todo nuestro pasado. Uno se pregunta si en las actuaciones pasadas de estos ex dirigentes socialistas no estaban ya, emboscados, los principios y los valores que inspiran sus comportamientos actuales, en los que resulta imposible reconocerse como socialista. También cabe preguntarse, de paso, si el prestigio del uno no fue siempre el de una nobleza lunar, puro reflejo de la de su abuelo, y si la estatura política del otro no incluía los pedestales institucionales en los que el partido lo situó.

Publicado en el diario SUR el 21 de enero de 2018

One Comment
  1. 21 enero, 2018 19:25

    En el caso de Ernest Maragall, si uno se pregunta si en las actuaciones pasadas de estos ex dirigentes socialistas no estaban ya, emboscados, los principios y los valores que inspiran sus comportamientos actuales, la respuesta ineludible es que sí estaban, y no emboscados, sino bien visibles; parecía separatista, pero esperábamos que no lo fuera por la garantía del PSC..Luego, cuando los separatistas rompieron amarras, se embarcó con ellos no sin dejarnos una despedida hipócrita. Ignoro si además dejó una carta a sus compañeros del PSC diciéndoles algo así como ‘yo ya me voy, el PSC ya no sirve para contener el españolismo mientras se fortalecía el separatismo”.

    Al otro no lo identifico, pero quizás podría haber dejado una carta diciendo que el PSC ya no sirve para contener el catalanismo.

    ¡Qué difícil lo tiene hoy un partido conciliador y sintético!.

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