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Tengamos la escuela en paz 

15 octubre, 2017

Dicen los psicólogos que cuando una persona tiene un delirio es inútil tratar de razonar, o de aportar pruebas en contrario. Si un responsable político tiene el delirio de que todo el mundo conspira contra él, entonces no parará de encontrar pruebas confirmatorias, y si no las encuentra, más a su favor, pensará que no hay mejor prueba de la conspiración que la ausencia de pruebas, para concluir que se cierne sobre su cabeza una trama perfecta. Ocurre con los delirios, a diferencia de otras patologías de la mente humana, que tienen una conexión con lo real, obviamente la política es un espacio propicio para las conspiraciones. Razón por la cuál conviene ser prudente a la hora de disuadir a un líder político paranoico de su deliro, porque como decía el personaje del chiste: a los paranoicos también nos persiguen. También a los jefes paranoicos les montan conspiraciones. Y a ellos, precisamente por el estado de alerta en el que los tiene su paranoia, casi nunca les escapa ninguna de las de verdad. Por cierto, si algún amable lector, o lectora, está absolutamente convencido de que este párrafo le va dedicado, le pido encarecidamente que pida ayuda psicológica.
 

Los celos son otro motivo típico de delirio. A los nacionalistas, de cualquier bando, les pasa mucho esto de los celos. Y no hay cosa por la que sufran más que por dejar a sus niños en la escuela de los otros nacionalistas a merced de sus propósitos. Resulta que, según el último barómetro de la Generalitat, el 48% de los catalanes de más de 65 años declara que su lengua propia es el castellano, frente a un 47% que dice que es el catalán y un 5% que dice que lo son ambas. Vinieran del resto de España, o hubieran nacido en Cataluña, todos estudiaron castellano en la escuela, pero, a pesar del empeño de Franco, la mitad siente el catalán como su lengua propia. La sorpresa viene cuando se le hace la misma pregunta a los catalanes que tienen entre 18 y 24 años, porque un 47% dice que su lengua propia es el castellano, un 43% dice que el catalán, y un 10% dice que ambas. Y, claro, esta generación se ha educado en catalán. Se ve que la escuela sirve para aprender a escribir catalán sin faltas de ortografía, pero no para cambiar la lengua materna. Hablan lo que escuchan en casa. Tampoco sirve para cambiar la identidad nacional: los jóvenes catalanes, tienen prácticamente las mismas preferencias por la independencia que sus mayores.

 

Como en aquel titular de un periódico madrileño al acabar la I Guerra Mundial, que decía “El archiduque ha sido encontrado vivo, la guerra no ha servido para nada”, cabría concluir que los esfuerzos de los nacionalistas, de un bando y otro, por cambiar la lengua propia, y la identidad nacional, de los niños en la escuela no han servido para nada. También es cierto que cuando los datos de la realidad van contra nuestro delirio, los obviamos, los negamos, o los olvidamos. La situación actual en Cataluña tiene que ver mucho con los políticos y los periodistas, y muy poco con los maestros. Así que, tengamos la escuela en paz. Incluidos algunos maestros.

Publicado el 15 de octubre de 2017

One Comment
  1. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    17 octubre, 2017 0:00

    Totalmente de acuerdo, dejemos la escuela en paz. ¿Y eso que significa? No que como el adoctrinamiento no es eficaz da lo mismo la lengua en que se enseñe. Sino que se debe enseñar en las dos lenguas, después de la escuela infantil en la materna. Cataluña es el único lugar del mundo donde la lengua oficial del Estado está prohibida en la escuela. Dejemos la escuela en paz…y bilingüe.

Los comentarios están cerrados.

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