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Sin perdón

28 mayo, 2017

En La rendición de Breda, Velázquez recoge el momento en el que el general Spinola, jefe de las fuerzas españolas, evita que el general holandés Nassau se humille ante él, impidiéndole arrodillarse. Se ve que antaño un gesto caballeroso como ese tenía un valor político en nuestro país. Hogaño no podemos estar tan seguros. De hecho, acabadas las primarias en el PSOE, patrulla por Internet un cuerpo de voluntarios para ver si los vencidos aclaman con suficiente entusiasmo a los vencedores. No hay que alarmarse, no se trata de los temibles guardias de la revolución, que después de la misma, aparecen denunciando y encarcelando a los contrarrevolucionarios o, simplemente, a los tibios. En realidad no llegan ni a la altura de la vieja del visillo, ese personaje cotilla y mezquino que tan bien caricaturiza José Mota.
 

Hay una escena memorable de la película Gladiator en la que Quinto, el lugarteniente de Máximo Décimo Meridio, le dice a su jefe, refiriéndose a las tribus germánicas a las que van a enfrentarse, “hay que saber cuando se es conquistado”, a lo que el personaje encarnado por Russell Crowe responde “¿tú lo sabrías? ¿y yo?”. No hay un solo militante del PSOE que no haya aceptado la victoria de Pedro Sánchez el pasado domingo. Una de las cualidades de la democracia es que hace aceptable la derrota. No sólo por la justicia de la competición, sino por el carácter mismo de la derrota. A diferencia de lo que dice Clint Eastwood en Sin perdón, la derrota en democracia no te quita “todo lo que has tenido y todo lo que podrías tener”, sino que te permite albergar la esperanza de que en el futuro tus ideas podrán ser las que triunfen. Y eso, que vale para la democracia en el país, vale también para la democracia en el partido.

 

Sin embargo, la insistencia en que quienes hemos perdido demos muestras bien claras de que hemos aceptado nuestra derrota, o la exigencia de que los secretarios generales regionales pidan perdón a la militancia, refleja una cierta inseguridad sobre el significado de la victoria y la derrota. ¿En qué concepción de la democracia los derrotados deben pedir perdón? ¿tú lo harías? ¿y yo? Lo que está en disputa en el PSOE no es solo, ni principalmente, quién ha de ocupar la secretaría general, cuestión que ya ha quedado resuelta, sino el concepto de democracia interna. Dicho de otro modo, lo que está en disputa es el perímetro del poder del secretario general, no su nombre.

 

La victoria, en democracia, da el poder, no la razón. La derrota no puede convertirse en la exigencia de que abdiquemos de una concepción republicana y federal del poder interno. Por supuesto, todos estamos obligados a aceptar lo aprobado por la mayoría, pero no a renunciar a convertir nuestras ideas en mayoritarias. Para el socialismo, a diferencia de lo que ocurre en otras tradiciones de la izquierda, los principios que inspiran la democracia en el país son los mismos que inspiran la democracia en el partido. Lo que está en crisis en la socialdemocracia, es, precisamente, la democracia. En cómo mejorarla es en lo que tenemos que ponernos de acuerdo.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 28 de mayo de 2017

One Comment
  1. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    28 mayo, 2017 21:32

    ¿Cómo se llega a considerar la guerra como modelo de la democracia representativa? Un partido político es una asociación que se dota de una organización para su gobierno. El PSOE es un partido federal, es decir, una asociación de agrupaciones. En el PSOE el procedimiento consiste en elegir representantes para un Congreso Federal elige un Comité Federal, una Comisión ejecutiva y, hasta hace poco, un Secretario General. Esta última elección solía dar lugar a tantos candidatos como ‘corrientes’ había en el partido, o dividir a los congresistas en tantas corrientes como candidatos. Después, las tales corrientes continuaban en el Comité Federal, que seguía siendo reflejo de la pluralidad del ‘demos’ y tomaba la decisiones en su nombre. Discutiendo los temas, después por consenso, si no por votación. En este modelo la regla de la mayoría no es la democracia, sino tan solo un modo de resolver diferencias y tomar decisiones por los representantes. Tras la elección directa del Secretario General por mayoría parece que todo el proceso se invierte; el ‘demos’ habla una vez y después no hay más voz que la voz del elegido, la voz vencedora a la que deben someterse las otras voces; el pueblo elige una vez y después ya no hay más elecciones que la del elegido, a las que deben someterse todas las demás elecciones; el pueblo da el poder y a la vez la razón, pues ¿quién puede tener razón contra la voz del pueblo? La mitad más el 0,22% se impone a la mitad menos el 0,22%, que debe renegar de su voz y elegir entre la salida y la lealtad. Naturalmente, los vencedores deberían disponer de todos los cargos, también de los electivos, pues, ¿puede un grupo elegir contra la elección de la mayoría?. Eso sí, el elegido puede ser magnánimo y dejar algo a los nuevos leales, siempre que para dejar clara su lealtad renieguen de sus errores pasados. …Hasta la próxima elección de elecciones, en que, quizás, algún traidor se atreva a presentarse contra el elegido, e incluso pueda a su vez vencerlo y someterlo.

    Creo que son dos modos incompatibles de hacer las cosas, el representativo y el plebiscitario. En los países pueden funcionar oponiéndose, porque se enfrentan partidos distintos, rivales y hasta enemigos; a veces el Congreso destituye al Presidente, aunque son más las que el Presidente disuelve el Congreso. Dentro de un partido, mucho me temo que juntos socaven, debiliten y a la postre dividan el partido en partidos. ¿Alguien conoce un precedente?.

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