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Mil veces repetidas

14 mayo, 2017

Si los socialistas queremos que la democracia ejerza su efecto sanador sobre nuestro maltrecho partido, debemos debatir entre nosotros con libertad y con respeto. Una votación sin que haya un verdadero debate sería como coser una herida infectada sin antes limpiarla, y un debate sin respeto es imposible.
 

Las redes sociales, en particular Twitter, se han convertido en un estercolero. La mentira y el insulto, arrojadas a toneladas por personas que esconden su identidad, generan una imagen que se superpone sobre la realidad misma hasta que un mundo de ficción sustituye al real. Finalmente lo importante termina siendo, no cuál es la verdadera historia, cuáles son los hechos sobre los que debatimos, sino qué historia y qué hechos tienen más apoyos.

 

Uno tiene derecho a tener su propia opinión, pero no sus propios hechos. El anterior secretario general del PSOE, y ahora candidato, anunció en una rueda de prensa, el 26 de septiembre, su intención de convocar el Congreso del partido, pero hay quien sostiene que lo hizo porque el 28 de septiembre dimitió la mitad más uno de los miembros de su ejecutiva, y esa dimisión le obligaba a convocar un Congreso. Que el 26 de septiembre vaya antes que el 28 de septiembre, concretamente dos días antes, debería importar, pero ¿quién se acuerda de que primero fue el anuncio de un Congreso y después fueron las dimisiones? Como no nos acordamos, escucharemos machaconamente que las dimisiones obligaron a la convocatoria del Congreso hasta que el falso recuerdo sustituya a la verdad olvidada, porque ahora la verdad es de quien tiene más retuiteos, o más me gusta.

 

Si mostramos los datos y las fechas, se nos cubrirá de insultos y de ruido, para que no se nos oiga, y si logramos que se nos escuche, entonces se nos hablará de las intenciones, pero todo el mundo tiene intenciones, como todo el mundo tiene malos y buenos pensamientos, lo que ocurre es que esos pensamientos sólo son delitos o heroicidades cuando dejan de ser intenciones para ser actos. Ante los hombres, y las mujeres, somos presos de lo que hacemos y decimos, no de lo que pensamos. Por eso los juicios de intenciones tienen, con razón, mala fama.

 

En estos tiempos en los que la crisis, además de la vida y la política, ha degradado la calidad de la prensa y las redes sirven para extender la verdad y la mentira sin control, el efecto disponibilidad, que tan bien conocen los psicólogos, hace que aquello que más se repite en el mundo bidimensional de las pantallas nos parezca más real que lo que ocurre en el mundo de tres dimensiones en el que vivimos, en el que estamos en paro o estudiando, cobramos la pensión o necesitamos ayuda para la dependencia. En este mundo de tres dimensiones estamos mucho más solos, no tenemos dos mil amigos, ni cinco mil seguidores, y nuestros actos tienen consecuencias para la vida, que no podemos prever ni controlar, por eso conviene distinguir las voces de los ecos, los compañeros de los troles, y la verdad que hemos olvidado, de las mentiras que recordamos de verlas mil veces repetidas.

 Publicado en el diario SUR el 14 de mayo de 2017

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