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Cocinando cocineros 

7 mayo, 2017

Lo malo de lo malo es que siempre se presenta bajo formas nuevas. Pasa con el virus de la gripe cada año, pero también con el virus de algunas pestes políticas. Estoy seguro de que incluso políticos como Trump, por ejemplo, serían capaces de distinguir el peligro para la libertad al ver a un político vestido con una camisa de color pardo y correajes. Sin embargo, esos mismos políticos, no son capaces de apreciar ese mismo peligro cuando se miran al espejo.

 

El problema es que no estamos preparados para las nuevas formas de autoritarismo. Vemos la película de Haneke “La cinta blanca” y entendemos las posibles razones del auge del nazismo, pero eso es fácil. ¿Cómo no reconocer el nazismo, el fascismo o el stalinismo a estas alturas? La cuestión es si somos capaces de reconocer esas otras nuevas formas de autoritarismo que, de manera sutil, se cuelan en nuestro pensamiento como parte de la normalidad. Estos días se ha producido un gran escándalo con las declaraciones de un famoso cocinero en las que, al parecer, defendía como algo normal que los becarios de los mejores restaurantes no cobraran por su trabajo. Sin embargo, poca gente ha apreciado que la forma que tiene el prestigiosos cocinero de dirigirse a los concursantes del programa de televisión en el que participa es bastante discutible.

 

Resulta que el triunfo del neoliberalismo tiene de todo menos de triunfo de la libertad. Hay gente protesta porque no le pagan, pero acepta que la sometan. Se ve mal que te exploten, pero se ve normal que tus jefes te pierdan el respeto y actúen como tiranos. Y es que la libertad tiene más enemigos que el hambre, aunque sólo sea porque los tiranos y los explotadores necesitan que quienes les sirven no se mueran de inanición. Así que, para demasiada gente, si tu jefe de maltrata, es lo lógico, y hasta les debe de resultar divertido verlo por la televisión. Ya se sabe que, para algunos, la letra con el palo, o con el grito y el insulto, entra. Eso sí, si te grita y no te paga, entonces es un escándalo.

 

Aceptar que te maltraten suele ser el primer puerto en el viaje a que no te paguen. Si te quitan la libertad, si te pierden el respeto, te podrán quitar todo lo demás a capricho. Cuando una sociedad se divierte viendo como humillan a alguien en el mundo bidimensional de la televisión, aunque no lo sepa, está alentando que, tarde o temprano, esas mismas formas irrespetuosas, u otras peores, ocurran en el mundo tridimensional de la vida. El psicólogo y premio Nobel de Economía Daniel Kahneman les demostró a los oficiales de la fuerza aérea de su país que se dedicaban a la formación de nuevos pilotos, y que también les echaban unas broncas fenomenales, que las recompensas son más educativas que las broncas. Sin embargo, después de una monumental bronca a los participantes en el concurso televisivo de cocina, decía una crónica periodística, los concursantes mejoraron. Por desgracia, no es a cocinar a lo único que les enseñan en la televisión, sino a aceptar una forma autoritaria de autoridad. La tele es una gran educadora, pero no siempre buena.

Publicado el en los diarios SUR y El Correo el 7 de mayo de 2017

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