Skip to content

Aparato

23 abril, 2017

  Las palabras importan. Cuando los stalinistas llamaban cerdos a los campesinos, y los nazis llamaban ratas a los judíos, estaban preparando la matanza de los primeros y el exterminio de los segundos. La verdad importa. Cuenta Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo que, allá por los años treinta del siglo XX, se rompió el viejo prejuicio que atribuía el cinismo a las élites y la ingenuidad a las masas. De pronto las masas se volvieron al tiempo cínicas e ingenuas, es decir, pensaban que todo era mentira, pero, al mismo tiempo, que todo era posible.

 

Le propongo a la amable lectora, o lector, de estas líneas, que examinemos el verdadero significado de un viejo término político, ahora de moda: aparato. ¿Qué es ser el aparato o del aparato? Lo cierto es que esa palabra, apparátchik en ruso, se empleaba para llamar coloquialmente a los funcionarios del Partido Comunista. No se usaba para referirse a los miembros del Comité Central ni a los del Politburó. Apparátchik, era el funcionario de la organización, no el político. La mala fama de los appáratchiki tenía que ver, además de con su incompetencia, con su tendencia a extralimitarse en el ejercicio de sus funciones, los appáratchiki tenían la tentación que tienen todas las burocracias: apropiarse del poder político.

 

Una parte de la prensa y también una parte de los afiliados y dirigentes socialistas, están usando la palabra aparato en un sentido verdaderamente perverso. Llaman aparato, de manera espuria, tanto a los órganos de representación y de dirección del partido, como a sus miembros, elegidos democráticamente. Llamar aparato al comité local de una pequeña agrupación de pueblo y, de paso, barón a su secretario general, llamar aparatos a los comités provinciales, regionales o federal, es peor que un mal uso del lenguaje. ¿Se puede decir que la decisión que toma un comité provincial en el que están prácticamente todos los alcaldes, alcaldesas y portavoces municipales de la provincia, elegidos por sus compañeros y compañeras, es una decisión del aparato? Obviamente, no. Esa palabra, usada de esa manera, tiene un efecto, y seguramente un propósito, letal para la democracia representativa y deliberativa en el seno del PSOE, que es un partido que nunca ha tenido muchos aparatos, por cierto.

 

Si llamamos aparato a los órganos democráticos de dirección y representación internos del partido, entonces ¿qué no es el aparato? La militancia, nos dirán. Y quienes lo dicen dividen al partido en dos: los militantes y el aparato. Del mismo modo que otros dividen a la sociedad en dos: los ciudadanos y la casta. Como las palabras importan y la verdad también importa, diré que el término adecuado para esa forma política que niega la representación, sea tanto en el partido, como en la sociedad, es la palabra populismo: la combinación de democracia directa y caudillismo, sin ningún tipo de instituciones intermedias de representación y control. Lo digo solo por si alguien está usando ingenua e inapropiadamente palabras como aparato o casta, porque lo que es el cinismo, eso no tiene arreglo.

 Publicado en los diarios SUR y El Correo el 24 de abril de 2017

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: