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Más de izquierdas que rojo

5 marzo, 2017

 

Le propongo a la amable lectora, o lector, un ejercicio de análisis teórico. Generalmente hablamos de rojos y de izquierdas como si fueran sinónimos, pero la verdad es que no lo son. Ciertamente las dos expresiones tienen su origen en los tiempos de la Revolución Francesa. La Ley marcial establecía que se izara una bandera roja cuando el ejército fuera a reprimir una manifestación. Los revolucionarios franceses, como antes hicieron los cristianos con el crucifijo, usaron el color de la represión como estandarte de la revolución.

 

Los términos izquierda y derecha tienen también su origen en la Francia de 1789, concretamente en el debate y votación, por la Asamblea Nacional Constituyente, de un precepto de la Constitución que permitía el veto absoluto del rey a las leyes que aprobara la futura Asamblea Legislativa. Los que estaban a favor de la posibilidad de que el rey pudiera ejercer, de manera irrestricta, el veto contra las leyes del Parlamento, se situaron a la derecha de la presidencia de la Asamblea, y los partidarios de limitar el poder real, se situaron a la izquierda.

 

Podríamos decir que los rojos son más bien partidarios de cortar las cabezas del poder, y la izquierda más bien contraria al poder de cortar cabezas. Estamos acostumbrados a que ambos términos vayan juntos, pero de vez en cuando nos encontramos a personas que no encajan en el estereotipo, unas nos parecen muy rojas y poco de izquierdas, y otras justo lo contrario. Paco Umbral calificó a José María Aznar como un rojo de derechas, y creo que está bien visto. Sin embargo, lo más frecuente es que los rojos de derechas militen en partidos de izquierdas. Esas personas están radicalmente en contra de la monarquía, en contra de la Iglesia y en contra de la casta política, y absolutamente a favor de la igualdad de oportunidades para los hijos listos de los pobres. Más que radicales, son gente poco transigente y, sobre todo, con prisa. No tienen tiempo para la política, ni maldita falta que les hace: “se cortan unas cuantas cabezas y ya verás como la gente entra por vereda”.

 

Pero esas personas tienen un ángulo ciego por el que se les escapa el paro, el destino de los hijos menos dotados de los pobres, el acoso sexual a las mujeres trabajadoras, o el monto de la pensión y del salario mínimos. No es que se opongan, es que no ven estos problemas. Pensarán antes en la independencia de los pueblos que en la autonomía de las personas. A lo largo de sus vidas dedicarán mucho más tiempo a quejarse de la monarquía constitucional que de las arbitrariedades de los capataces y encargados en las empresas, que en las vidas de muchas personas son verdaderos monarcas absolutos. Son rojos, pero se les nota que no son de izquierdas, tanto por la familiaridad, y la falta de respeto, con la que tratan al camarero de la sede del partido, como por la distancia con la que miran a la señora de la limpieza, a la que casi no ven. Son obsequiosos con los que mandan desde hace mucho tiempo, y tratan con desprecio a quienes, sin creerse más que nadie, se respetan a sí mismos.

Publicado en los diarios SUR Y El Correo el 5 de marzo de 2017

One Comment
  1. 5 marzo, 2017 18:11

    Te has pasao.
    Hay que hilar fino, pero me da la impresión, que aquellos que lo,lean deprisa, sin atención, dirán que quiere decir lo que dices, tan perfectamente hilado.
    Supongo,que al escribir este artículo, ya estabas pensando en la floración de los almendros.

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