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Cuando decidir es renunciar 

12 febrero, 2017

El lunes pasado estuve en Barcelona, pasé todo el día reuniéndome con personas del mundo de la cultura: concejales, músicos, promotores teatrales, productores audiovisuales, editores, gente del teatro. Me gusta Barcelona, tan amable, tan mediterránea y tan cosmopolita. Si la conversación, interior o exterior, es intensa, me olvido del lugar en el que estoy y me siento en Málaga. Me da la impresión de que al volver la siguiente esquina voy a llegar a Trinidad Grund, que aquella palmera me anuncia, en la distancia, el Paseo del Parque.

 

 

Mientras hacía mi periplo de visitas y reuniones, por la radio de los taxis que me llevaban de un lado a otro, seguía las noticias del juicio del ex presidente Mas. Treinta o cuarenta mil personas se había concentrado en los aledaños del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña para apoyar a Mas. A los comentarios de los periodistas y tertulianos se sumaban las declaraciones de los representantes de los diversos partidos.

 

Las conversaciones con la gente de la cultura recalaban en un tema recurrente, cómo reconectar Cataluña con el Estado. La combinación de un gobierno de nacionalistas independentistas catalanes en Barcelona, y un gobierno de nacionalistas centralistas españoles en Madrid, ha ido desatando minuciosamente los lazos de colaboración institucional en el ámbito de la cultura, y mis interlocutores me preguntaban cómo reanudarlos.

 

Voy dos o tres veces al año a Cataluña, y siempre encuentro la realidad plural que leo en las encuestas, pero en la vida esa realidad es más impactante que en la estadística. No es con el resto de España con lo que los independentistas quieren romper, es también con la mitad de los catalanes, con su propia pluralidad, su propia sociedad y su propia historia.

 

Los independentistas dicen que quieren elegir, pero no es verdad, ellos no creen que puedan elegir, ellos creen que una realidad más grande que ellos, sea la historia, la naturaleza o la divinidad, ya eligió por ellos antes del comienzo de los tiempos. El referéndum no promueve la libertad de decidir de todos, sino la obligación de renunciar a una de sus identidades de los catalanes que se sienten también españoles, y que son bastante más de la mitad. Si uno escucha a los independentistas es como si estuvieran diciendo que las vidas de millones de personas que nacieron y vivieron en Cataluña después de 1714 no hubiera tenido sentido, como si hubiera sido un error que hay que borrar del libro de la historia y de la vida. En la provincia de Barcelona el apellido más frecuente es García, después Martínez y López. España no es a Cataluña lo mismo que Francia.

 

El martes, antes de partir, me compré La Vanguardia, que sigue siendo un gran periódico. En portada traía el asunto del juicio de Mas, y también la denuncia judicial de 97 empresas del Silicon Valley contra Trump por su ley antiinmigrantes. En las democracias avanzadas la política y los políticos han de someterse a las leyes, en eso consiste el avance de la democracia. Lo contrario sería la tiranía de la mayoría.

Publicado en el diario SUR el 12 de febrero de 2017

 

 

 

 

 

 

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