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Al Trump Trump

29 enero, 2017

 

La vida es incalculable, y la política no digamos, así que no hay que desesperar, pero el nuevo presidente de los Estados Unidos ha empezado a cumplir las cosas que prometió en su campaña. Al tran tran, derogando la reforma sanitaria de Obama, ordenando la construcción del muro con México, que es un muro con toda América Latina, quitando la página en español de la Casa Blanca, prohibiendo la entrada a ciudadanos procedentes de países con mayoría musulmana, el presidente Trump va cumpliendo sus promesas electorales más escandalosas.

 

Nunca he creído mucho en el dicho: “no hay mal que por bien no venga”. Los fracasos suelen llamar a los fracasos, no a los éxitos. Cuando un fenómeno ocurre de manera sistemática, no parece prudente atribuirlo a la mala suerte, sin más. De modo que si el populismo crece en todas partes, convendría pensar un poco en las razones de carácter sistémico que han dado lugar a su aparición sistemática. O dicho a la manera de Shakespeare, todo esto es una locura, pero hay un método en ella.

 

Tenía razón Dani Rodrik cuando nos advertía de que la hiperglobalización, los estados nacionales y la democracia no encajan bien. Los tres elementos son compatibles de dos en dos, pero no todos ellos al mismo tiempo. Cuando la hiperglobalización fuerza a competir a sociedades con altos niveles de protección social con otras con bajos niveles, o directamente sin protección social, tarde o temprano la democracia se resiente. Y eso es lo que estamos viendo con el auge de los populismos.

 

Por lo demás, lo que proponen los populistas, que es reforzar las fronteras nacionales, no es más que una manera, quizá la peor, de combatir los males reales que provoca la globalización desregulada. Es posible que los que más se han beneficiado de la hiperglobalización estén ahora preocupados, pero seguro que encuentran la manera de acordar con el presidente Trump el modo de que ni a ellos, ni a sus capitales, los incomode ningún muro a la hora de viajar por todo el planeta. Los muros detendrán antes al viento que al dinero.

 

La forma que sería más sensata es la que implica una regulación del comercio por una democracia supranacional. La Unión Europea, en su proyecto más que en su realidad, sigue siendo un ejemplo del mejor camino que podemos tomar los seres humanos, después de lo vivido en el pasado, para cohonestar la democracia y las enormes fuerzas sistémicas que desata el libre comercio. Aunque, todo sea dicho, ningún sistema es una garantía absoluta de éxito, si los humanos no actuamos con sensatez. La misma izquierda radical que se opone en el Parlamento Europeo a un tratado comercial con Canadá, un país cuyos niveles de respeto a los derechos humanos, de protección social y de calidad en sus mercancías son como los nuestros, se mostraba, hace unos meses, favorable a considerar a China como un socio comercial de pleno derecho. Lo que, siguiendo a Shakespeare, es una locura, pero esta vez, sin método alguno. O sí. Quizá, como decía el otro, “aquí todos van a lo suyo, menos yo, que voy a lo mío”.

 Publicado en el diario SUR el 29 de enero de 2017

2 comentarios
  1. 29 enero, 2017 15:01

    Mi visión es más simple, de la calle, el,populismo ha llegado, porque teníamos todas las papeletas para ello. Los’sistemas democráticos han fallado, están errantes, posiblemente provocados por el Capital, pues ellos van a lo suyo, a costa de lo que sea.
    Aquí también se cumple lo,que tanto afirmo , eso de que los extremos se tocan, vemos el populismo de Trump, extrema derecha-capital y el populismo de la izquierda, ambos coincidentes en el tiempo.
    Ante esto, los líderes políticos no saben qué hacer, y los pensantes, filósofos, etc etc del mundo de las letras, al parecer tampoco pueden aportar ideas, están sin saber qué hacer, sin saber que decir y.os ciudadanos expectantes de un lado a otro, pero,sin convencimiento, excepto las gentes de derechas, que permanecen unidos aún a sabiendas que no saben porqué. Los más contentos son los de la extrema derecha, por eso de ario revuelto.
    Es lo que hay , es triste.

  2. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    30 enero, 2017 0:42

    Exceso de generalizaciones. Creo que todos podemos distinguir entre la circulación de capitales, la de mercancías y la de personas. La de capitales y la de mercancías no está desregulada, sino al contrario, altamente regulada. Las regulaciones protegen a los particulares temporalmente perjudicados, y las violaciones son delitos de contrabando o de blanqueo de capitales. Los tratados comerciales con Canadá o China son buenos ejemplos. Así que de acuerdo, los populistas se pasan cuando quieren poner más aranceles o impedir que los capitales entren o salgan.

    La circulación de las personas es cosa bien distinta, y conviene ser muy cuidadoso con ella. Tan cuidadosos, por lo menos, como lo ha sido Europa, que ha avanzado lentamente hacia esa libertad y aún así se ha tropezado con problemas como el Brexit. Aquí son más necesarias todavía las regulaciones que en materia de mercancías y capitales. El principio que debe regir estas regulaciones es claro: limitar las migraciones tanto como se pueda. Para evitar la competencia en el mercado de trabajo con los trabajadores locales y para evitar la formación de enclaves minoritarios en los países receptores; y para evitar la pérdida de capital humano de los emisores y su desarraigo social. Para lo cual es buena la circulación de capitales, que lleve los puestos de trabajo a donde está la gente, y la libertad de comercio, que lleve a todo el mundo lo producido en cada lugar.

    En fin, la circulación de las cosas es en gran parte sustitutiva, no complementaria, de la circulación de las personas. Restringiendo una, se estimula la otra y viceversa. Tanto los nacionalistas que quieren restringirlas todas como los mundialistas que quieren liberarlas todas, generalizan en exceso.

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