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Líderes por catálogo

8 enero, 2017

 Cuando a comienzos de la década de los ochenta del pasado siglo, los economistas Milton y Rose Friedman publicaron su libro Libertad de elegir, lanzaron un guante que la izquierda tardó algún tiempo en recoger: la libertad como valor más importante en el orden social y político. Todavía, muchos años después, me he encontrado a algún comunista que, sin enterarse de nada, me ha espetado: “para qué quieres la libertad si no tienes nada que comer”.

 

Es verdad que el ideal de libertad que nos ofrecieron los neoliberales, y que pusieron en práctica Thatcher y Reagan, supone una versión muy limitada de la libertad, pero menos da una piedra. De modo que, después de que el capitalismo de producción convenciera a todo el mundo de que lo importante era tener un Ford modelo T de color negro, el capitalismo de consumo nos dijo que podíamos elegir los complementos. Y llevamos cuatro décadas muy entretenidos eligiendo los complementos.

 

Poco a poco la lógica del consumo ha ido penetrando en todos los órdenes de la vida, hasta alcanzar el núcleo de nuestra propia identidad personal. Ahora la gente construye su identidad mediante la identificación. Eres aquello con lo que te identificas. Unos amigos, que tienen un hijo muy guapo y muy mal estudiante, me enseñaron un catálogo de ropa de unos grandes almacenes en el que su hijo aparecía como modelo. Para el anuncio, al chico le habían puesto unas gafas y unos libros y una carpeta de apuntes en la mano, de modo que parecía enteramente un estudiante de cuarto de derecho. Al cabo de un tiempo, los padres pusieron esa foto en el salón. Otros se hacen la foto con una pelota y el uniforme de su equipo favorito, y la ponen en una estantería de su casa. En mi caso tengo una subido a un elefante, en honor a Emilio Salgari y George Lakoff. Ya ven, ninguno estamos a salvo.

 

Hoy la sociedad de consumo te ofrece que puedas elegir pareja por catálogo, aunque en realidad sólo eliges los complementos: la edad, el título académico, su aspecto, sus aficiones. Es verdad que menos da una piedra, pero lo que se dice la cualidad esencial, lo que se dice la pareja, en sí misma, es decir, la persona que te acompaña en la vida, la que te cura de la soledad, sólo la puedes descubrir viviendo, y muchas veces la tienes delante, pero no la ves, porque jamás la hubieras elegido por catálogo.

 

La gente dice que los líderes políticos deberán tener entre cuarenta y cincuenta años, ser políglotas, tener varios doctorados, haber viajado y, a ser posible, vivido en el extranjero, la gente quiere que los líderes hayan leído mucho, pero que no tengan gafas, que sean altos y guapos, para quedar bien en la tele cuando saluden a los otros líderes, que sean de origen humilde pero aristocráticos. Será por complementos… Y, sin embargo, al final, la persona en la que confías, a la que estarías dispuesto a seguir en pos de una sociedad más justa, sólo necesita resultar creíble, y eso, la credibilidad, tiene que ver más con la azarosa vida vivida que con el calculado catálogo.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 8 de enero de 2017

One Comment
  1. 8 enero, 2017 13:51

    Tu artículo de hoy, es muy polémico y da lugar a múltiples comentarios. En lo del comunista, que comentas, está muy despistado, no sabe de lo que va, incluso llega a criticar a los ciudadanos de izquierdas que con su trabajo viven cómodamente.
    Lo peor de la sociedad de consumo, es que nos adormece.
    Respecto a la preparación de la clase política, si son universitarios, mejor, pero lo importante, es la experiencia profesional, el trato con los ciudadanos y sobre todo tener los ojos abiertos y los oídos atentos. Tienen que tener experiencia, en lo que sea, pues así habrán aprendido, discernir, a estudiar, a entender, y experiencia la tiene un buen tornero, un estupendo administrativo, pero lo mejor y más necesario es la Honradez, y de eso no dices nada, aunque como en la mili el valor se supone.

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