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Vuelve la política, eso sí, lentamente

25 diciembre, 2016

 El primer artículo que publiqué en 2015 se titulaba “Vuelve la política”. No me tengo por un optimista, pero leyendo aquel artículo ahora, no cabe duda de que lo soy. Pasó todo 2015, y ha pasado casi todo 2016, hasta que, efectivamente, aunque de manera tímida, se vuelve a asomar la política a la vida de nuestro país. Entonces pensaba que con la pérdida de la mayoría absoluta del PP iba a ser suficiente para que las virtudes civilizatorias de la política empezaran a ejercer su benéfica influencia sobre nuestra crispada convivencia, pero ha hecho falta algo más que la simple pérdida de la mayoría absoluta del PP. 

Ha hecho falta, por ejemplo, que los socialistas asumiéramos pagar un alto precio para deshacer el bloqueo al que estaba sometida nuestra democracia y para que haya una nueva legislatura. Lo hemos pagado convencidos de que sabremos aprovechar la situación de un gobierno del PP en minoría, y la estamos aprovechando. Si, como ocurría después de las elecciones del pasado diciembre, tuviéramos ahora la presidencia del Congreso, todavía las posibilidades de la oposición serían mayores. Con todo, la supresión de las reválidas, la subida del salario mínimo y el acuerdo contra la pobreza energética, son el tipo de conquistas por las que pensamos que era mejor abstenernos, y permitir que comenzara la legislatura, que votar no, e ir a unas elecciones de resultado, como mínimo, incierto, y seguramente mejor para las fuerzas de la derecha.

 

En realidad solo llevamos siete semanas de actividad parlamentaria normalizada, es decir, con un gobierno al que poder controlar, con la posibilidad de presentar iniciativas legislativas y no legislativas, y con la necesidad cotidiana de hablar con todo el mundo para sacarlas adelante. Y no hemos hecho más que empezar. El panel de votación en el Hemiciclo empieza a volverse muy interesante, ya no ocurre que el resultado de las votaciones esté siempre prefijado de antemano, las victorias y las derrotas son imprevisibles. De modo que merece la pena pelear cada punto, cada juego. A nadie le conviene instalarse en la queja estéril, si puede lograr una mejora contante y sonante. Como decía Bernard Crick, “vale más un gramo de legislación que una tonelada de retórica”.

 

El día a día parlamentario se va normalizando y las jornadas se eternizan entre madrugones, viajes, reuniones, papeleo, y horas en el escaño, hasta que los diputados nos vamos quedando dormidos, sin distinción de edad ni de ideología, a la par que nos convertimos en carne de cañón mediático o de las redes sociales, también sin distinción de ideología, si el sueño vence a alguno y le hace reposar la cabeza sobre el pupitre. Con el “ojo por ojo” terminaremos todos ciegos, pero a pesar de todo, empieza, lentamente, a recuperarse la política, y para ello es necesario el reconocimiento del otro, de su dignidad personal, de su legitimidad para defender los intereses que propugna desde los valores en los que cree. Todo eso va ocurriendo, todavía muy lentamente, demasiado lentamente.

 Publicado en los diarios SUR y El Correo, el 25 de diciembre de 2016

2 comentarios
  1. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    26 diciembre, 2016 1:19

    Está bien, ciertamente, que gobierno y parlamento funcionen con normalidad y estaría mejor si el presidente del Congreso no fuera del PP. Y sería mucho mejor todavía que tampoco el presidente del Gobierno fuera del PP; eso pudo haber sido y no fue por culpa de Unidos Podemos, que prefirieron arriesgar el sorpasso y mantener su complicidad con algunos separatistas. Está bien el re-conocimiento del otro, pero siempre que no distraiga de su conocimiento…

  2. 26 diciembre, 2016 14:10

    Por supuesto, yo también creo en la política y en los políticos, los unos y los otros.
    Tengo fe racional en mi partido, pues está muy por encima de esos enfrentamientos, a los que asistimos por culpa de las ciegas ambiciones, esto es pasajero, aunque muy dañino, al final se ve el poso políticos, ahí está en la gobernabilidad del país.
    Los otros , unos intentando conservar su dominio y los otros metidos en sus mítines, y ambiciones parecidas a las de la casta, a pesar de la nueva política que dicen ,practicar, y digo dicen, porque no se les ve en el Congreso colaborando en el bien de la ciudadanía. Claro esto último es consecuente con esa doctrina que tratan de esconder, si, la marxista leninista, que es evidente, no tiene nada de democrática.

Los comentarios están cerrados.

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