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Mañana, en la Aduana, pensaré en vosotros

11 diciembre, 2016

 

Una vez un hombre, que luchó durante la Guerra Civil en la Ciudad Universitaria, me contó que en la batalla sólo eres consciente de lo que pasa en tu alrededor más inmediato, y que al final, si estás vivo, te enteras de si has ganado, o has perdido, porque te lo cuentan. Mañana se inaugura el Museo de Málaga. Fue un empeño de la ciudad, de toda la ciudad, que el edificio de la Aduana fuera la sede de nuestro Museo de Bellas Artes. Por tanto, ha sido una victoria de la ciudad, de toda la ciudad, que tengamos un museo excepcional, que nos hará felices a propios y extraños muchas mañanas, o tardes, de nuestras vidas, paseando por sus salas, deteniéndonos ante un cuadro o ante el collar de conchas de una joven malagueña de hace diez mil años.

 

Con todo, cada ciudadana y cada ciudadano, que participamos, de una manera u otra, en un momento o en otro, en la batalla para que la Aduana fuera la sede del Museo de Málaga, guardamos la memoria de lo que sucedía en nuestra trinchera. Hoy me gustaría recordar a dos personas, un lugar, y un momento de esa batalla. Las dos personas son Marisa Bustinduy y José Luis Rodríguez Zapatero. El lugar era el que, entonces, ocupaba mi despacho en la sede del PSOE de la calle Ferraz de Madrid. El momento eran los días previos a la precampaña de las elecciones municipales de 2003.

 

Marisa era entonces la candidata socialista a la alcaldía de Málaga, José Luis era mi jefe, y secretario general del PSOE, y yo era el jefe de su gabinete. Mi despacho era muy pequeño y tenía tres puertas. De modo, que en algunas ocasiones, mientras trataba de concentrarme en lo que estaba escribiendo, llegó a ocurrir que, al mismo tiempo, me entraban tres personas distintas en el despacho. Pero ese día no estaba escribiendo, simplemente hablaba con Marisa Bustinduy, que había venido a Madrid a una reunión de candidatos de grandes ciudades.

 

Por la puerta que daba al despacho de Gertru, su secretaria, apareció un sonriente José Luis Rodríguez Zapatero exclamando, “¡hombre Marisa!, mientras le zampaba dos besos en la mejillas y se sentaba en la silla que quedaba libre. Fue allí donde Marisa le habló a José Luis de su programa para Málaga, y también allí le explicó la batalla, de tantas ciudadanas y ciudadanos malagueños, para que la Aduana dejara de ser la sede de la subdelegación del Gobierno y se convirtiera en la sede del Museo de Málaga y fue allí donde José Luis hizo suyo aquel proyecto. Ferraz está cerca de la Ciudad Universitaria, y durante un tiempo en Ferraz estuvo mi trinchera. Las batallas como la del Museo de Málaga son muy largas, muy azarosas, y los méritos, como la lotería de Navidad, suelen estar muy repartidos. Y es justo que así sea. Sin embargo, también es justo recordar los empeños personales, la audacia, la generosidad, de quienes contribuyeron de forma decisiva a conseguir la victoria. Mañana todos recordaremos a muchos amigos y amigas que fueron esenciales para la victoria, hoy he querido recordar a Marisa Bustinduy y a José Luis Rodríguez Zapatero.

Publicado en el diario SUR el 11 de diciembre de 2016

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