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 Se llama coraje

30 octubre, 2016

 

 

En una ocasión vi un programa de televisión en el que explicaban ciertas nociones de psicología social y las ejemplificaban con curiosos experimentos. En uno de ellos se formaba un grupo de diez personas, aparentemente al azar, de entre unos paseantes. A cada persona, por separado, se le mostraba varias líneas de distinto tamaño en una pantalla, y luego se reunía al grupo y, ya sentados todos juntos, el experimentador iba preguntando una a una a las personas del grupo qué línea era la más larga.

 

Sorprendentemente, la primera persona preguntada afirmaba que la línea más larga era una que, a ojos vista, no era la más larga en absoluto, y la misma respuesta iban dando todos hasta llegar al décimo miembro del grupo. Resulta que ese décimo miembro era el verdadero objeto del experimento y que los nueve restantes estaban conchabados con el experimentador para mentir en su respuesta. De modo que el experimento consistía en saber si el décimo en ser preguntado haría más caso a sus ojos o a la opinión de una gente que no conocía.

 

Un porcentaje importante de personas, después de escuchar nueve veces la respuesta falsa, optaban por hacer más caso a la opinión del grupo que a sus ojos, y cuando llegaba su turno respondían lo mismo que los demás. Cuando el psicólogo experimental le descubría el pastel a cada décima persona, esas personas reconocían haber apreciado la línea realmente más larga, pero que la “presión” del grupo, les había hecho dudar, y finalmente aceptar como verdad la falsedad que todo el mundo decía.

 

Llevamos un año con nuestras instituciones democráticas paralizadas. Es verdad que ver paralizado al gobierno de Rajoy resulta muy satisfactorio para muchos de nosotros, pero, a diferencia del Gobierno, el Congreso no es de Rajoy, sino de todos los españoles y españolas, y también lleva un año paralizado. Un año sin legislar ni poder controlar al gobierno. Un año sin abordar los problemas de nuestro país, ni las pensiones, ni el empleo, ni la educación, para dar vueltas todo el rato alrededor del mismo tema: la formación de un gobierno. Y si preguntamos a los partidarios de ir a las terceras elecciones si después no vendrían unas cuartas, o no responden, o dicen que sí, que “hay que repetirlas hasta que reviente el sistema”.

 

Mientras nuestros revolucionarios de salón ven en el bloqueo de las instituciones democráticas la oportunidad de cumplir su sueño de devolver el poder a la calle, otros ejercen cada día ese poder en los despachos de los altos funcionarios ministeriales, en las salas de los tribunales de justicia, en las redacciones de los grandes medios, o en los consejos de administración de las empresas, sin las para ellos molestas trabas de la política democrática. Cuando se bloquea la política, el poder fluye por otros cauces, más oscuros, más tóxicos. Todos hemos sido igual de responsables del bloqueo de la política, pero sólo unos han tenido el coraje de producir el desbloqueo. Algunos se han conchabado para acusarlos de cobardía y traición, pero se llama coraje y civismo.

Publicado en el Diario SUR el 30 de octubre de 2016

2 comentarios
  1. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    30 octubre, 2016 12:57

    De acuerdo en el fondo, algo de discrepancia en los términos. Bien lo del coraje y el civismo, pero básicamente se llama política. Y más básicamente todavía se llama responsabilidad. Políticos son los capaces de renunciar al narcisismo del sostenella y no enmendalla (¡cuán elevado principio, por lo demás, el ‘no a Rajoy!) cuando surgen vías mejores de lograr sus objetivos. Políticos responsables son los que intentan prever el resultado de sus acciones, no los que aman sus acciones sin importarles los resultados.

    Por lo demás, espero que no triunfen otra vez los lugares comunes de que la sociedad ha cambiado y el PSOE necesita ponerse en manos de los jóvenes…

  2. 30 octubre, 2016 18:13

    Comparto posición y opinión. Gracias por expresarte tan bien José Andrés. Cada hora, cada insulto que leo, me reafirmo más en lo que manifesté hace casi un mes. Y la dureza de las palabras de algunos, incluso compañeros/as que no son capaces de contestar al “entonces qué?” me hace ratificar la abstención por doloroso que sea ver a Rajoy, ese incompetente payaso que nos va a gobernar.

Los comentarios están cerrados.

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