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La boda roja

4 septiembre, 2016

 Hubo un tiempo de mi adolescencia, allá por 1972 o 1973, en el que la idea de dedicarme a trabajar la tierra era algo más que una posibilidad. Al fin y al cabo es lo que habían hecho todos los miembros de mi familia desde la invención de la agricultura en el Neolítico. Mientras regábamos nuestro campo, mi padre me explicaba la disposición de los surcos por los que fluía el agua. Técnicamente la forma de regar que usábamos se llama riego por gravedad. Recibe ese nombre porque es la fuerza de la gravedad la que hace que el agua fluya a lo largo del tablero y penetre la tierra.

 

Mi padre insistía en que es muy importante leer la inclinación del terreno porque, si te equivocas e intentas que el agua suba una leve pendiente, casi imperceptible para el ojo no entrenado, te puedes encontrar con todo tu campo encharcado y hecho un barrizal. Del mismo modo que un buen campesino sabe leer la inclinación del terreno, un político debe saber leer la correlación de fuerzas de su sociedad, para hacer que la convivencia fluya de manera razonable, los conflictos se resuelvan con justicia, y su sociedad prospere en libertad.

 

El pasado viernes me vino a la cabeza la lección de mi padre mientras bajaba al Hemiciclo desde mi despacho en la tercera planta de la segunda ampliación del Congreso. Inevitablemente me vino también la añoranza de él, y el deseo de oír su voz bromeando algo así cómo: “quién me iba a decir cuando te veía subir desde la Fuentecita hasta el Guarillo con la soleta al hombro, que te iba a ver subir por las escaleras del Hemiciclo con traje y corbata”. Nunca lo vio, pero él sube conmigo por esa escalera, y con él la memoria de todos sus esfuerzos, de su coraje y de su templanza.

 

La cosa es que, pensaba, a pesar de sus preferencias ideológicas, Albert Rivera había sabido leer la inclinación de la sociedad española en contra de la renovación del mandato de Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Esa había sido una condición, diría que la condición sine qua non, para dar su apoyo al partido por el que siente más afinidad personal, ideológica y política. Sin embargo, contra su propio criterio, el señor Rivera se había dejado doblegar por la enorme presión que el establishment de nuestro país ha hecho para sostener al señor Rajoy. Entonces ocurrió lo que peor le podía suceder al señor Rivera, y justo antes de la segunda sesión de Investidura, vio claras señales de que el establishment estaba dispuesto a dejar caer a Rajoy después de su segundo fracaso.

 

Tenía curiosidad por cómo actuaría Rivera, me preguntaba si echando pecho a lo hecho, o dando la espantada antes de tiempo. Todos tuvimos pronto la respuesta, y antes de que se produjera la votación Rivera escenificó su ruptura, que es la del establishment, con Rajoy. Lo que vino después fue una versión de las derechas parlamentarias del episodio “La boda roja”, de Juego de Tronos. La derecha mediática, la de los negocios y la política, no han sabido leer la inclinación del terreno. Convendría que la izquierda sí lo hiciera.

Publicado en el diario SUR el 4 de septiembre de 2016

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