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Rajoy y el juego del gallina

14 agosto, 2016

 

 

De todos los juegos que se estudian en teoría de juegos el que me pone más nervioso es el juego del gallina. A ese juego, por llamarlo de alguna manera, jugaban James Dean y Corey Allen, en Rebelde sin causa. En la película el juego consistía en una carrera de coches en dirección a un barranco para ver quién era el último conductor en saltar de su coche antes de que se despeñara por el precipicio. En su versión canónica el juego consiste en que los dos conductores dirijan sus coches el uno contra el otro, y gana el último que da un volantazo para eludir el choque, es decir, gana el que más desprecia su propia vida. Es un juego que, generalmente, termina mal.

 

No está bien que un presidente del gobierno practique un juego tan peligroso, pero eso es lo que está haciendo el señor Rajoy. El metafórico barranco son, en esta ocasión, unas terceras elecciones. O él, o las elecciones. Ese es el desafío que nos hace a todos. Esta semana ha dado el volantazo el líder de Ciudadanos, el señor Rivera. Como ha dicho uno de los dirigentes de ese partido, se van a tragar todo lo que han venido diciendo hasta ahora. Y es un trago muy amargo.

 

La razón de ser de Ciudadanos como proyecto político autónomo, la razón de la lealtad que han mantenido más de tres millones de votantes de centro derecha a ese partido, es precisamente su apuesta por regenerar éticamente a una cierta derecha indiferente, cuando no complaciente, con la corrupción. Y ese proyecto de regeneración, como afirmaba el señor Rivera durante y después de la campaña, es incompatible con la presidencia del señor Rajoy.

 

Al tratar de legitimar su brusco giro, el señor Rivera ha hecho algo peor que facilitar la investidura del líder del PP: ha ocultado el verdadero juego del señor Rajoy. Rivera no puede creer, ni hacer creer a nadie, que sus seis medidas sirven para acabar con la corrupción. Que todas ellas, además, sólo tengan que ver con la corrupción, no hace más que evidenciar la razón de su sentimiento de culpa. Lo que reivindica es lo mismo que ha traicionado. El líder de Ciudadanos ha perdido la oportunidad de mostrar con meridiana claridad el único motivo por el que ha cedido: evitar unas terceras elecciones. Las terceras elecciones con las que el señor Rajoy está chantajeando a todas las fuerzas políticas que se niegan a apoyar su investidura y, en último término, a la sociedad española.

 

Una cosa es ceder a un chantaje y otra justificarlo. En lugar de mostrar su propia responsabilidad, lo que ha hecho el señor Rivera es ocultar la irresponsabilidad de Rajoy. Con un panorama parlamentario como el que ha salido de las urnas el 26J, lo lógico es que, como ha venido exigiendo Ciudadanos, Rajoy ceda el testigo a otro miembro de su partido, capaz de conseguir el crédito de otras fuerzas políticas. Rajoy ni lo ha intentado, él no necesita el crédito ni la confianza de nadie, le basta con apretar el acelerador y esperar a que sus medios de comunicación vendan como prudencia de sus adversarios lo que no es más que “vil y pálida cobardía”.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 14 de agosto de 2016

One Comment
  1. 15 agosto, 2016 18:42

    Soy totalmente coincidente con el contenido de tu artículo.
    Los medios nos están jugando una mala pasada, intentando poner al PSOE como culpable de la situación, cuando la realidad, es que tenemos un Rajoy, cobarde e inoperante que tanto mal está haciendo a la democracia, y además apoyado por esos medios, es decir por el capital más casposo de nuestro país, esto es, los especuladores y aquellos que pagan menos impuestos que los asalariados de 600 euros mensuales. De ahí que le apoyen y quieran echar sobre el PSOE toda la responsabilidad de lo que está sucediendo.
    Tendríamos, todos en tromba copar los medios, como sea, para desmantelar las malas artes de esta derecha rancia que se niega a perder su poder, a costa de lo que sea, caiga quien caiga, o sea los más desfavorecidos.

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