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Fuerzas de flaqueza

24 julio, 2016

 En los manuales de las facultades de Ciencias Políticas se explica que el mecanismo convencional por el que los partidos burgueses consiguen vencer a los partidos obreros, obviamente más numerosos, es desviando el debate político de los problemas sociales a los asuntos relacionados con el sentimiento nacional. Por alguna triste e injusta, aunque eficaz, razón, los partidos burgueses tienen el monopolio de los sentimientos nacionales. Es algo así como si se hubieran escriturado la patria a su nombre. De modo que la batalla entre izquierda y derecha por el Estado del Bienestar, por poner un ejemplo, pasa a segundo plano cuando la patria está en peligro, sea real o imaginario.

 

Con la triste experiencia del Estatuto de Cataluña llegué a la conclusión de que el PP sólo aceptaría un acuerdo con los nacionalistas vascos y catalanes sobre la cuestión territorial si lo hacían ellos. Los que se consideran dueños de la patria común creen que ese tipo de obras mayores sólo las pueden llevar a cabo ellos. A los demás nos consideran inquilinos, por más que nuestras familias hayan regado esta tierra con su sudor y, a veces, con su sangre, durante las mismas generaciones que sus familias. Y a los inquilinos, todo lo más, se nos deja ordenar la disposición de los muebles y pegar posters en las paredes, sin dejar marca.

 

Así que, como español, siempre esperé que llegara el día en que el nacionalismo central necesitara a los nacionalistas periféricos, y viceversa, para que se pudiera llegar a un acuerdo más o menos estable sobre el tema territorial. Y mire usted por donde que el martes, en la sesión constitutiva del Congreso, atisbamos esa ansiada posibilidad. En efecto, los anónimos apoyos de los nacionalistas periféricos sirvieron para que los candidatos del PP y Ciudadanos a las vicepresidencias del Congreso sumaran 179 votos, tres más que la mayoría absoluta. Eso garantiza la investidura y la gobernabilidad.

 

Ese resultado hace evidente que las fuerzas de la derecha son mayoritarias en el Parlamento. No es que me guste esa verdad, pero la mentira me gusta menos todavía. La votación de los vicepresidentes me hizo abrigar la esperanza de que algunas personas comprendan que no tiene sentido que los socialistas hagamos ningún gobierno con los resultados salidos del 26J, y menos con el apoyo de los nacionalistas, porque ni serviría para hacer políticas económicas y sociales de izquierdas, ni serviría, como decía más arriba, para ayudar con el problema territorial, porque el PP nunca aceptaría lo que pactáramos con ellos.

 

Ahora el PP necesita apoyos para la investidura y para la gobernabilidad, y también necesita arreglar el problema territorial que tanto ha contribuido a exacerbar. Las burguesías nacionalistas periféricas también necesitan salir del carril de una especie de Brexit con un final entre albanés y bolivariano en el que se han metido. Quizá este contexto de debilidad de nacionales y nacionalistas dé para un acuerdo justo y razonable que pudiéramos apoyar los demás, con la lealtad y el sentido de Estado que ellos nunca tuvieron.

 Publicado en el diario SUR el 24 de julio de 2016

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