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La voluntad del pueblo y los posos del café

17 julio, 2016

 Dice Pierre Rosanvallon que la elección democrática es, a la par, un principio de justificación y una técnica de decisión. Ocurre, además, que ambos elementos pueden entrar en contradicción con cierta facilidad. Como técnica de decisión la elección funciona de manera bien sencilla, el 51% es más que el 49%. Con un resultado así no hay problema a la hora de interpretar quién ha ganado.

 

Como principio de justificación, la elección remite a la existencia de una voluntad general, que a su vez remite a la existencia de un pueblo que es el sujeto de esa voluntad general. Claro que por experiencia sabemos que casi nunca se producen acuerdos del 100%. De modo que hacemos “como sí” la mayoría fuera la totalidad: al cumplir la voluntad de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, suponemos que estamos cumpliendo la voluntad del pueblo. Pero, volvamos al mundo real, ¿es la voluntad del 51%, la voluntad del pueblo o estamos llevando la ficción demasiado lejos? ¿Si los representantes del 51% de los electores obligan al 49% de los electores restantes a educar a sus hijos en contra de sus propios valores, es esa la voluntad general del Pueblo, o es la voluntad particular de una mayoría coyuntural? El sencillo sistema de decisión choca frontalmente con el principio de justificación.

 

Estos días escuchamos a muchas personas interpretar la voluntad general del pueblo, como si, efectivamente, el pueblo fuera un único sujeto y tuviera una sola voluntad. Nos dicen: el pueblo ha hablado claramente, nunca hasta ahora el primero le había sacado tanta ventaja en escaños al segundo, de modo que el segundo está obligado a facilitar el gobierno porque esa es la voluntad del pueblo. No es así, el PP le ha sacado al PSOE 52 escaños de ventaja, pero en 1982 el PSOE le sacó a AP 95 escaños de ventaja. Con todo, ¿cuál sería el resultado excepcional que permita romper la lógica de formación de gobiernos en una democracia parlamentaria? Lo que ocurre cuando se argumenta con datos es que siempre hay otros datos: nunca hasta ahora nadie había intentado formar gobierno con 137 escaños. Por ejemplo, decir que porque el PP ha subido 14 escaños respecto a diciembre, la voluntad del pueblo es que los socialistas le regalen la investidura a Rajoy es olvidar que todavía le faltan 39 para los 176. Digo yo que si los ciudadanos le hubieran querido dar el gobierno al PP habrían buscado un camino más directo, como en 2011, en lugar de votar al PSOE. Y es que interpretar los resultados electorales es para algunos lo que para otros es interpretar las cartas o los posos del café.

 

Parece razonable que el partido que tenga más apoyos parlamentarios, porque los haya obtenido en las urnas, o porque los haya conseguido de otros grupos políticos, sea el que acuda a la investidura. Esa es la lógica de una democracia parlamentaria. El martes se constituyen las Cortes, por ahora el que tiene más escaños para iniciar el proceso de buscar apoyos es el PP, ¿sabrá la derecha alcanzar el gobierno, y gobernar, sin mayoría absoluta?

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 17 de julio de 2016

2 comentarios
  1. 18 julio, 2016 10:21

    La derecha no sabrá aprovechar esta ocasión, pero,la izquierda tampoco, y las dos cosas demuestra la mediocridad y egoísmo de sus componentes, ambos a dos o a tres.
    Si todos pensaran en los ciudadanos, no habría esas dudas.
    Seamos serios, nos hace falta altitud de miras no posiciones partidistas egoístas, que es lo que se está viendo en los ú.timos tiempos, y claro por parte de todos, no se salva ni uno.
    Ningún dirigente da la talla, no son capaces de unir en todo lo común que hay, solo se piensa en lo,que conviene al partido, a su ego.
    Ya está bien, esta panda de incapaces que nos dirigen, todos, los nuevos más, de ería no estar en el averno . Esto es irse a su casa y otros vendrán que mejor lo,harán.

  2. 18 julio, 2016 12:05

    Al final habrá que ponerse serios y buscar un sistema electoral capaz de dar salida a la paradoja de Condorcet y aquí paz y después gloria. O complicamos considerablemente la papeleta para incluir un sistema de preferencias en segunda o tercera opción, o habrá que dar un acicate extra a las ganas de negociar modificando la ley electoral en el sentido de que si hay que repetir elecciones no puedan repetir los candidatos.

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