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El trilema del PSOE

13 julio, 2016

 

Los socialistas nos encontramos en la siguiente situación: a) no queremos que gobierne el PP; b) no somos capaces de formar una mayoría alternativa; y c) no queremos que haya nuevas elecciones. Nos encontramos ante un trilema: sólo podemos hacer concordar dos de las tres opciones. Por ejemplo, si no queremos que gobierne el PP y no queremos que haya nuevas elecciones, no nos queda más remedio que formar una mayoría alternativa. Que fue lo que intentamos, sin éxito, la pasada legislatura. Si, por el contrario, en esta ocasión renunciamos a formar una mayoría alternativa y no queremos que haya elecciones, entonces no nos quedaría más remedio que resignarnos a un gobierno del PP. La tercera opción del trilema, la de no resignarnos a que haya un gobierno del PP, sin que seamos capaces de formar una mayoría alternativa, desemboca necesariamente en unas nuevas elecciones. De hecho esa fue la opción del PP y de Podemos en la pasada legislatura, como no aceptaban un gobierno liderado por el PSOE, y no eran capaces de formar una mayoría alternativa, en lugar de abstenerse, forzaron unas segundas elecciones.

 

Se nos dice a los socialistas que la sociedad española no nos perdonaría unas nuevas elecciones, pero en junio el electorado ha premiado al PP y Podemos, que suman ahora 208 escaños, es decir, 16 más que en diciembre y, por el contrario, ha castigado a Ciudadanos y PSOE, que suman ahora 117, es decir, 13 menos que en diciembre. Probablemente quienes nos hacen tales advertencias estén igual de equivocados que quienes afirmaban que repetir las elecciones provocaría una gran abstención. Pese a las previsiones de esas personas, los ciudadanos hemos participado algo más en las elecciones de junio que en las diciembre pasado (*).  

 

Porque, en general, los ciudadanos no castigan que les hagamos perder una hora en ir votar, sino la incoherencia entre nuestras palabras y nuestras acciones. ¿Cómo entenderían los casi cinco millones y medio de votantes socialistas que permitiéramos un gobierno del PP? Y eso después de que el PSOE, por boca de sus lideres, de todos ellos, haya denunciado no ya las erradas e injustas políticas de la derecha, sino los comportamientos absolutamente inaceptables del señor Rajoy y de su ministro del Interior, por citar el caso más reciente. ¿Qué significaría a partir de ese momento “no es no”, cuando lo diga un socialista? ¿Qué les dirían a los votantes socialistas los de Podemos al día siguiente en los trabajos? ¿Enhorabuena, qué envidia, vuestros líderes son los más responsables? ¿Qué nos diría la derecha económica y mediática la primera vez que votáramos con Podemos en contra de un proyecto de ley del PP? ¿Nos diría, no os preocupéis, sabemos que vosotros sois muy responsables?

 

Cuesta trabajo creer que alguien se atreva a decirle a los socialistas que abstenerse y regalar el gobierno al PP, la oposición a Podemos, y el PSOE al olvido, es un acto de responsabilidad con España. Pero cuesta más trabajo aún imaginar que alguien, que nos quiera y nos respete, nos vaya a agradecer que hagamos eso.

 

La derecha política, económica y mediática nos plantea a los socialistas la repetición de elecciones como un chantaje: o nos abstenemos para que gobierne el PP, o la culpa de unas nuevas elecciones será nuestra. Los socialistas no estamos interesados en absoluto en que haya un gobierno del PP, y no veo por qué deberíamos hacer nada para que lo haya. Sin presuponer qué gobierno se pueda formar, si el PP y el resto de las fuerzas políticas quieren que nos pongamos de acuerdo en resolver el trilema y que una mayoría de bloqueo no fuerce un bucle de repetición de elecciones, como hicieron la vez pasada PP y Podemos, los socialistas no deberíamos tener ninguna objeción. Siempre y cuando el coste de la no repetición se distribuya de manera equitativa entre todos, esto es, que ponga más el que más tenga, nobleza obliga. Como dijo Pablo Iglesias, el fundador del PSOE, en un tiempo en el que sólo a los hijos de los trabajadores se les exigía ir a la guerra de Cuba: “o todos, o ninguno”.

 

Si la sociedad, o los que dicen hablar en su nombre, exigen que unos hagan todos los esfuerzos y los sacrificios, y a otros les permite que no hagan ninguno, entonces la política no se va a curar.

Publicado en el diario El País el 12 de julio de 2016.

(*) En efecto, según la página oficial del Ministerio del Interior la participación el 26J fue del 69,84% y la del 20D lo fue del 69,67%. Sin embargo, como amablemente me ha advertido Pepe Fernández Albertos, los datos de Interior no incorporan aún el CERA para el 26J, de modo que es bastante probable que finalmente la participación baje algo más de tres puntos porcentuales. Ciertamente, como también me dice Fernández Albertos, esa diferencia no modifica sustancialmente el argumento, frente a quienes afirmaban que una repetición de elecciones provocaría una desafección que tendría graves consecuencias en la participación, una diferencia de tres puntos porcentuales no se sale de las oscilaciones en la participación que venimos observando a lo largo de las elecciones de la democracia. En todo caso, honremos a la verdad de los datos y a la inteligencia amable de Pepe Fernández Albertos.

One Comment
  1. 13 julio, 2016 11:25

    El escape de Podemos está en que van a insistir en que sí hay posibilidad de mayoría alternativa, por lo tanto no procedería ni forzar terceras elecciones ni permitir el gobierno del PP. Si los socialistas se abstuvieran, les achacarían colaboracionismo, y si no lo hicieran, repetición de elecciones. No podemos contar con ninguno de los partidos para una solución de compromiso, por que la derecha siempre ha demostrado su total carencia de sentido de estado, y a su actuación ante el final de ETA me remito, y la nueva izquierda siempre ha estado más interesada en sus juegos de rol que en remangarse y ponerse en faena. En política, a veces no importa tanto la realidad como la percepción que quede de la misma, y en un momento en el que todos nuestros rivales tienen de su parte poderosos aparatos de trompetería mediática, esa batalla concreta la tenemos muy cuesta arriba, así que lo que que queda es mirar a nuestro electorado, mantenerse en los compromisos. Si el PP quiere gobernar, tiene en el hemiciclo suficientes escaños entre los propios, los de quienes quieren gobernar con ellos (C’s), quienes aprobaron con ellos los recortes y los aplicaron con entusiasmo digno de mejor causa (CiU y PNV) o quienes les concedieron la bola extra teniendo en sus manos el quitarlos de enmedio (Podemos). Entre todos suman unos 250 escaños. Tienen donde elegir, Puestos a jugar al mus, órdago. Vamos a terceras elecciones. Y a quien dios se la de, san pedro se la bendiga.

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