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Una cena misteriosa

3 julio, 2016

 El viernes pasado un buen amigo, gran seguidor de la prensa, me envió el enlace a una noticia que acababan de publicar, según la cual resultaría que yo había participado en una cena con el presidente Rodríguez Zapatero y Miguel Sebastián de la que habría salido el consejo a Pedro Sánchez, el secretario general del PSOE, para que aceptara ser vicepresidente de un gobierno presidido por el señor Rajoy. Es decir que, según esa noticia, yo apoyaría la gran coalición. Entiendo que, si uno no se ha pronunciado públicamente sobre un asunto, un periodista pueda ser intoxicado por su fuente, pero el caso es que no hace ni dos semanas escribí un largo artículo explicando por qué me opongo a que los socialistas apoyemos a un gobierno del PP y, por ende, a la gran coalición. Por cierto, también Miguel Sebastián se ha pronunciado públicamente contra esa posibilidad, y me consta que no ha cambiado de opinión.

 

Por supuesto tampoco yo he cambiado de opinión. Es más, después del Brexit volví a prestar atención a la gran coalición de Alemania a raíz de unas declaraciones de Sigmar Gabriel, en las que el líder socialdemócrata alemán trataba de desmarcarse de la más que discutible política europea de la canciller Merkel. Resulta que, además de haber sostenido a un gobierno con el que no está de acuerdo, algunas encuestas le están dando al SPD una intención de voto por debajo del 20%, es decir, seis puntos menos de los que obtuvo en las elecciones generales de 2013. En fin, que la gran coalición no parece que haya ayudado ni al SPD, ni a Alemania, ni a Europa. De modo que difícilmente le recomendaría al secretario general de los socialistas españoles que aceptara ser vicepresidente del señor Rajoy, que no es, como se puede apreciar a poco que uno se fije, la señora Merkel.

 

Con todo, y a pesar de haber expresado mi rechazo a apoyar al PP, en línea por cierto, con lo que piensan la casi totalidad de los socialistas españoles, y sin dar ningún signo de haber cambiado de opinión, me encuentro con una noticia en la que se afirma exactamente lo contrario. Curiosamente lo que tiene más intrigados a mi mujer y a mi hijo es, concretamente, cuándo he cenado con el ex ministro Sebastián y con el presidente Zapatero. Resulta que después de las elecciones he cenado todas las noches en casa con ellos, pero como un medio de prensa dice lo contrario andan un poco mosqueados preguntándose cómo lo habré hecho. Porque a las personas que tienen vergüenza les falta imaginación para creer que sea posible inventarse la realidad y cobrar por ello, no siendo una novela.

 

En fin, que hay que hacer de la necesidad virtud, y como dudaba entre varios temas sobre los que escribir esta semana, con la falsa noticia de mi cena con Sebastián y Zapatero, y de mi supuesto apoyo a las tesis contra las que combato, se me ha ocurrido que tenía una magnífica oportunidad de hacer un modesto servicio a la verdad de los hechos. Esa verdad por la que pelean cada día en todo el mundo miles de periodistas honestos y abnegados que, como decía Hannah Arendt, mantienen firme el mundo bajo nuestros pies.

 Publicado en los diarios SUR y El Correo el 3 de julio de 2016

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