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Se acabó la campaña, vuelve la política

26 junio, 2016

 Hoy votamos. Durante estas semanas he hecho todas esas cosas que hacen los candidatos. Especialmente debatir con otros candidatos en televisiones y radios locales. A todos ellos les deseo suerte, y sobre todo le deseo suerte a España para que el resultado nos ayude a mejorar la vida de todos. Incluida también la vida del señor que está cortando baldosas con una radial mientras trato de escribir este artículo, en el que, en honor a todas esas buenas personas con las que he debatido, me gustaría contar alguna anécdota.

 

En uno de estos días de terral, procedente directamente del infierno, acudí a participar en un debate electoral en una radio local. Nos metieron a seis candidatos en una minúscula pecera sin aire acondicionado. El moderador se había tenido que ir la sala de control, y desde allí iba ordenando el debate como podía. Hubo un momento en que temí que empezara a salir gas sarín por algún hueco de ventilación, pero me tranquilicé (momentáneamente) al no ver ninguna rendija por la que pudiera entrar el aire.

 

Me llamó la atención el candidato que estaba en la esquina, del que sólo podía ver, algo inclinado, una parte del rostro. El hombre hablaba con mucha precisión, sin titubear, y sin interaccionar con los demás, salvo muy excepcionalmente. Confieso que me produjo cierta envidia el conocimiento que tenía de las medidas de su programa, que iba enumerando con una memoria prodigiosa. De pronto, un movimiento de otro de los candidatos me permitió tener una imagen completa de aquel hombre, y descubrí que estaba leyendo. Leía cada una de sus intervenciones, en las cuales lanzaba el argumentario de su partido como si se tratara de las Sagradas Escrituras.

 

Seguramente trastornado por el calor, y en un estado avanzado de deshidratación, contravine todos mis principios y, mientras el hombre leía el minuto final de petición de voto, dije al micrófono abierto: “qué bien lee”. Sé que no estuvo bien, aunque creo que a él no le molestó, si es que era capaz de escuchar y leer al mismo tiempo.

 

En otra ocasión me encontré con una candidata que haciendo, quizá equivocadamente, más caso a las enseñanzas de los asesores de su partido que a las de sus padres y profesoras de la adolescencia, interrumpía constantemente para romper el hilo de la argumentación de los adversarios, o elevaba el tono de voz, hasta que finalmente nadie podía oír lo que estabas diciendo. Y es que los asesores casi nunca explican las consecuencias políticas de sus técnicas mediáticas. Unas técnicas que son eficaces para dar espectáculo (a veces deplorable) y entretener a una audiencia que, en bastantes ocasiones, busca más diversión que información. Pero, en política, las consecuencias son que, si las urnas no premian nuestra rudeza, y incluso falta de respeto, con mayorías absolutas, los apoyos de las personas que has maltratado se vuelven mucho más caros cuando se los has de pedir. Y lo más probable es que todos necesitemos pedirlos a partir de esta noche. Porque, lo cierto es que mañana vuelve la política (espero).

 Publicado en el diario SUR el 26 de junio de 2016

2 comentarios
  1. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    26 junio, 2016 17:30

    Espero que contigo en primera fila, y en todo caso sin tener que lamentar la campaña.

  2. 27 junio, 2016 9:10

    A veces la elegancia hay dejarla a un lado .ya está bien tanto respeto, por lo demás cuando éstos no pagan con la misma moneda.
    A ver si hay suerte y no hay más de lo mismo.

Los comentarios están cerrados.

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