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Victoria regalada

22 mayo, 2016

 

Hanna Fenichel Pitkin escribió un clásico sobre la representación política, incluso se podría decir que escribió el clásico sobre el tema, y en ese libro afirma con una claridad contundente que: “el único requisito que existe para los símbolos en general es que alguien crea en la conexión simbólica”. Y la verdad es que es difícil encontrar la razón por la que un rectángulo de tela con franjas verticales u horizontales de diversas formas y colores representa a un país, o a una región o a un equipo deportivo. La única razón de que esa representación funcione es que alguien se la crea.

 

Cuando escribo estas líneas, el viernes por la tarde, acaba de despejarse una de las dos grandes incógnitas del fin de semana: el juez ha autorizado el uso de la estelada en la final de la Copa del Rey. La otra incógnita es quién ganará el domingo, si el Sevilla o el Barcelona. Mientras el juez tomaba su decisión hubo quien propuso que si no dejaban entrar al campo con la bandera de los independentistas, la gente lo hiciera con la bandera de Escocia. Ciertamente, como diría Hanna Pitikin, basta con creer que hay una conexión entre la bandera de Escocia y los deseos de los independentistas catalanes, para que la bandera escocesa funcione como símbolo provisional de la independencia de Cataluña una tarde de domingo.

 

Y es que ir contra los símbolos es una tarea bastante frustrante. Cuentan que la bandera roja era inicialmente el símbolo que usaba la monarquía absoluta francesa para anunciar que el ejército iba a intervenir para reprimir las revueltas. Ya ve, querido lector o lectora, estas son las paradojas de la vida, los revolucionarios la adoptaron como símbolo. Como dice Mecano: “con mis piedras hacen ellas su pared”. Al final, uso como símbolo de mi causa el instrumento de represión que mis adversarios usan contra mi causa, por cierto, es lo que hace el cristianismo con la cruz. De hecho con la vida uno va aprendiendo que la mejor manera de estimular algo es prohibirlo. En ningún sitio son más apetecibles las manzanas que en el paraíso. O que le pregunten a Romeo y Julieta por su pasión amorosa. No hay que ser Shakespeare para preguntarse si la intención del gobierno al prohibir la exhibición de banderas esteladas en el partido del domingo responde más al deseo de exacerbar el conflicto que al de apaciguarlo.

 

Esta semana leí una entrevista al presidente Rodriguez Zapatero en la que se le preguntaba por el 15M y su respuesta fue: “lo que me angustiaba no era la protesta, sino sus causas sociales y las serias dificultades que tenía como gobernante para dar respuesta a las mismas”. Parece una afirmación razonable. De igual modo parece razonable pensar que nuestro país tiene un serio problema territorial que merece una respuesta algo más meditada que prohibir las banderas esteladas.

 

Y, por cierto, ninguno de los dos equipos que compiten el domingo regalaría una victoria a su adversario como la que le ha regalado el gobierno a los independentistas. Al menos sin que eso le costara el puesto al entrenador.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 22 de mayo de 2016 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

One Comment
  1. 22 mayo, 2016 17:18

    Me causa tristeza, que un trapo con franjas de colores, provoque situaciones como las que estamos viviendo estos días, y peores, y más tristeza me causa su utilización rastrera. Tristeza me causa, que en España, no se cante, en las escuelas, no enseñan a cantar, es muy triste, no sabemos cantar en nuestras reuniones, no se canta.
    Esto es grave, demuestra que la enseñanza, es manipulada , por los políticos, y sus acciones, nos llevan al enfado, a la desilusión.
    Es triste que los españoles no sepamos cantar, no,cantamos.

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