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Está difícil ligar

10 enero, 2016

Unas veces por respeto, otras por miedo, y otras por cálculo, pero siempre se tiene cuidado con el que manda. El soberano debe sospechar de quienes le halagan los oídos, y en democracia el pueblo es el soberano. El bueno de Maquiavelo tiene un capítulo de El Príncipe, dedicado a la forma de huir de esa dulce peste que son los aduladores, en el que sostiene que “no hay otro medio de guardarse de la adulación sino que los hombres sepan que no te ofenden al decirte la verdad”.

El pueblo como tal, dice Pierre Rosanvallon, es inencontrable. Es más fácil que se te aparezca el rey Gaspar con su traje auténtico que te encuentres con el pueblo en persona y te diga lo que quiere. Por eso conviene sospechar de quienes nos hablan a cada uno de nosotros en nombre de todo el pueblo, un pueblo al que halagan tanto como ignoran. Y estos días abundan las voces que amenazan a los insensatos representantes en nombre de los sensatos representados. Ya es raro que un pueblo sensato elija de manera sistemática a representantes insensatos, ¿no? Y ya es raro que personas tan juiciosas como las que hablan cotidianamente desde las tribunas políticas y mediáticas no hayan caído en la cuenta de que hay una cierta contradicción entre su halago a la sensatez de los electores y su denuncia de la insensatez de los elegidos.

Ahora la responsabilidad y la sensatez de los elegidos se mide por su disposición al pacto que prefiere quien opina. Si eres partidario de la gran coalición, sostendrás que lo que quiere el pueblo de manera evidente es un gobierno con el PP, Ciudadanos y el PSOE, y si no estás de acuerdo con ese pacto entonces eres un irresponsable. Si eres partidario de un gobierno de la izquierda, dirás que el pueblo quiere de manera palmaria una coalición entre el PSOE, Izquierda Unida, Podemos, ERC y los soberanistas, y si te opones a eso eres un insensato. Y si eres partidario de repetir elecciones, dirás que el pueblo quiere hablar, y si contrario a repetirlas, dirás que el pueblo está harto.

Dado que no parece sencillo hablar con el pueblo y que lo más aproximado al sentir del pueblo es la burda suma de los sentires de cada uno de los ciudadanos y ciudadanas, veamos algunos datos de la encuesta preelectoral del CIS. En ella se ofrece una escala que recoge la disposición a votar a cada partido que tiene la persona entrevistada. La escala va del 0 al 10, donde el 0 es que nunca votarías a ese partido y 10 siempre. Por ejemplo, los votantes del PP votarían al PSOE con una probabilidad del 1,4 sobre 10. Y los del PSOE al PP con una probabilidad del 0,9. Es decir que en la escala del 0 al 10, el 77% de los votantes del PSOE dan un 0 pelado a la posibilidad de votar alguna vez al PP. Los de Podemos al PSOE un 2,4 y los del PSOE a Podemos un 2,2 y a ERC un 0,9. En fin, que si en una fiesta alguien te dice que esas son tus probabilidades de ligar esa noche, seguro que vas a tener que esmerarte. Y así estamos, no sé si irresponsables o insensatos, como dicen algunos, pero, eso sí, completamente desvelados intentando comprender el mensaje.

Publicado el 10 de enero de 2016 en el diario SUR.

2 comentarios
  1. 10 enero, 2016 13:04

    Pues otra vez tienes razón. Los ciudadanos además de imprevisibles, en la mayoría de los casos, se dejan llevar por sentimientos, como eso de ser del Madrid o del Atlético, por tanto sus decisiones dan lugar a situaciones, como las que estamos viviendo actualmente. Si éstas fueran pensadas, seguro que también errarían, pero menos. Además tales decisiones se toman con ayuda de los medios que colaboran, sino, provocan el lío o la indefinición calculada, según los intereses que les conviene en cada momento. Por eso unas veces se meten con la clase política , casi siempre y otras obvian interesadamente las decisiones de los ciudadanos.
    A todo lo anterior ayuda la falta de interlocutores políticos, que además de tener ideas claras, sepan comunicar el mensaje, esto último al parecer es muy difícil, aunque tú, lo,haces muy bien, , la comunicación, claro.

  2. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    11 enero, 2016 23:57

    Sabia disquisición. El pueblo vota, y luego son los electos los que hablan hasta la próxima votación. Objetivo de su conversación: conseguir el máximo de lo que prometieron a sus electores. Ello les obliga a pactar tanto como sus escaños lo permitan. Y como los programas son mucho más intercambiables que los electores, quizás el amor sea difícil, pero el ligue no.

Los comentarios están cerrados.

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