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Queremos pero no podemos

3 enero, 2016

Los sociólogos usamos una técnica de investigación que se llama grupo de discusión y que, básicamente, consiste en juntar a un grupo de seis u ocho personas para que hablen libremente sobre un tema. De la competencia del sociólogo en el diseño del grupo o de los grupos, y de su inteligencia a la hora de interpretarlos, depende el éxito de la investigación. Si lo hace bien, entonces el sociólogo y su cliente tendrán una buena aproximación a los discursos que circulan en la sociedad sobre el tema que se investigue.

Aprendí la técnica de mi añorado maestro Ángel de Lucas, que junto con Jesús Ibáñez, Alfonso Ortí y José Luis de Zárraga la teorizaron y la introdujeron en nuestro país. Hoy tenemos un buen plantel de cualitativistas, y mi amiga y colega Cristina Santamarina es, a mi juicio, una de las más competentes. Antes de las elecciones estuvimos hablando un rato y me dijo algo que había encontrado en sus estudios en los últimos tiempos: “aparece mucho rencor y mucho afán de venganza en el discurso político de los grupos”. Y, en un giro genial, Cristina me decía: “hay electores que no se dan cuenta de que la venganza en política es algo inútil y terrible, pero claro, -continuaba diciéndome con finísima ironía- estas cosas pasan cuando no se ha leído a Shakespeare”. Y es que nuestras élites no son muy de leer a Shakespeare, aunque bien mirado, Hamlet, que era príncipe y de Dinamarca, tampoco había leído a Shakespeare, y así le fue.

Después de tanto alentar el rencor y el afán de venganza en el electorado resulta que los protagonistas de la obra tienen que sentarse a hablar entre ellos, porque ninguno tiene suficiente poder para servirle a sus electores el frío plato que les habían prometido. De modo que o convencen de cambiar de dieta a sus electorados, o sus electores se los comerán a ellos, con patatas o a palo seco, convenientemente animados por algunos mercenarios que, desde los medios de comunicación de masas, estimulan nuestras peores pasiones, a mayor gloria de los índices de audiencia. Han convertido la convivencia en una mercancía sin alma, que se puede comprar o vender, sin pensar que también en política el calentamiento global es nocivo y difícil de revertir.

Así que de un menú de rencor, venganza y mucha violencia verbal, debemos pasar a otro de respeto y cooperación. Y eso no va a ser fácil. ¿Cómo piden responsabilidad los mismos que incendiaron la convivencia? Si alguien que te ha herido, o te ha empobrecido, o te ha deshonrado, te dice: “no puedes vivir con el rencor por lo que te hice; mira, yo ya lo he superado y he olvidado que te herí, te empobrecí o te deshonré”, ¿le vuelves a entregar tu confianza? ¿De qué fianza hablamos cuando decimos que hemos perdido la confianza? No confiamos a voluntad, como no amamos u olvidamos a voluntad, queremos sin querer, por eso no siempre podemos evitar querer a quienes nos hacen daño y no podemos querer a quien nos convendría. Por eso cuando la confianza o el amor se quiebran, aunque queramos recuperarlos, no basta con la voluntad. Porque con frecuencia, los seres humanos queremos, pero no podemos.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 3 de enero de 2016.

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