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Día de elecciones

20 diciembre, 2015

Conste que considero el invento de las encuestas un gran avance de la cultura occidental, sobre todo en comparación con la vieja práctica de destripar un ave y leer sus entrañas. Es verdad que alguien podría decir que, como sociólogo, barro para mi casa, pero nadie discutirá que todas las aves estarán de acuerdo con mi afirmación, no así algunos pájaros que, informando sobre encuestas reales o falsas, tratan de condicionar a la opinión pública. La pena es que, al menos en el caso de las encuestas electorales, la gente que las consume se suele quedar con la parte menos relevante. Y no es que sea poco importante saber quién es más probable que gane, sino que de eso es justo de lo que nos vamos a enterar sin tener que hacer ninguna encuesta. Sin embargo, conocer las características de los electores, sus opiniones y sus preferencias, con el rigor que ofrece una encuesta, puede ser mucho más útil para cambiar el resultado que saberlo de antemano. Y de cambiar el resultado, ya sea mejorando la victoria o eludiendo la derrota, es de lo que se trata en una campaña.

Basta esperar a esta noche para saber, sin ningún margen de error, el resultado de las elecciones. Pues bien, los hay tan forofos de las encuestas que incluso las encargan a pie de urna, para aproximarse, con un margen considerable de error y un coste económico todavía más considerable, a lo que todos vamos a saber a ciencia cierta dos horas más tarde. Los hay que dicen que es bueno tener esa anticipación para saber qué decir. Después de la victoria socialista en las generales de 2004 se publicaron varias versiones sobre cómo preparamos el borrador de la intervención de José Luis Rodríguez Zapatero. La que más divertida me parece es una en la que el entonces líder socialista nos encargó a Miguel Barroso, José Miguel Vidal, José Luis Zárraga y a mí mismo que preparáramos dos discursos, por si ganábamos y por si perdíamos. Otras versiones dicen que sólo nos encargó uno. En todo caso, lo cierto es que sólo le entregamos un borrador, el de por si ganábamos, con las siguientes palabras: “bueno José Luis, aquí está el borrador del discurso de la victoria, si perdemos, ya tú improvisas algo…”.

En pocas palabras, que es más barato y más seguro tener dos discursos y esperar un rato al recuento. Claro que si actuáramos así, en qué echaríamos el día de las elecciones. Quién nos iba a llamar diciendo: parece que hay unas “israelitas” que dan tal mayoría o que no la dan. Nadie. Todo lo más alguno nos diría, pues he visto que bajaban de prisa las papeletas de éste o aquél partido en mi colegio electoral, o mi primo ha matado a una gallina y ha visto en su hígado que ganamos.

Así que lo mejor es cumplir con nuestros deberes cívicos y esperar con paciencia el recuento que, afortunadamente, en nuestro país es bastante rápido. Así que, amigo lector o lectora, además de desearte unas felices fiestas y suerte con la lotería, también espero que tengamos suerte y que el resultado electoral sirva para que entre todos afrontemos mejor los problemas de nuestra sociedad.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 20 de diciembre de 2015.

2 comentarios
  1. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    20 diciembre, 2015 10:22

    De acuerdo en lo de las encuestas y también en los deseos.

  2. 21 diciembre, 2015 13:20

    Qué las encuestas son interesadas, es cierto.
    Que la sabiduría y el conocimiento de una gran parte de votantes es nulo es cierto.
    Que aquellos que dicen que saben, y les creo, que aquellos que tienen un buen program y presumen de ello, es cierto. Pero creo que su departamento de marketing no prepara bien el producto y los comerciales no saben venderlo también es cierto. En una empresa los directores de marketing y el,comercial, a la vista de los resultados se irían a la calle, también es cierto. No sigo porque se me el plumero.

Los comentarios están cerrados.

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