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No hables de política

6 diciembre, 2015

Hay una canción que canta Dulce Pontes, que se llama Velha Chica, escrita por el poeta angoleño, Waldemar Bastos, que tengo que escuchar de tiempo en tiempo, porque si la escucho mucho me hace daño y si la escucho poco la echo de menos. Al final de su primera estrofa, la canción dice: “le preguntábamos a la abuela Chica/ cuál era el motivo de aquella pobreza/ de aquel nuestro sufrimiento/ mira, niño, no hables de política/ no hables de política, no hables de política”. Es tan triste, y tan luminosa al tiempo, la lección de política de aquella abuela angoleña.

He leído y escuchado muchas explicaciones para diferenciar a la derecha de la izquierda, que si la derecha es la defensora de la libertad y la izquierda de la igualdad, que si unos son conservadores que defienden el orden, que si otros son progresistas que defienden el cambio. Y todas tienen su parte de razón, y su parte de sinrazón. La cosa es que alguna gente se despista a la hora de definirse, de modo que me he encontrado a personas que se dicen de izquierdas o de centro pero que cualquiera diría que son de derechas y, con menos frecuencia, a personas que se dicen de derechas y que uno diría que son de izquierdas.

Después de pasar toda mi vida adulta observando y participando en la vida política tengo serias dudas de que alguna vez encontremos un izquierdómetro o un derechómetro que nos den la posición ideológica objetiva de la gente. El caso es que cada uno tiene su criterio de clasificación. En mi caso he llegado a la firme conclusión provisional de que la mejor forma de distinguir a alguien de derechas de alguien de izquierdas es su forma de ver la pobreza: si como una penitencia o como una desgracia. Si, en general, alguien ve la pobreza como una penitencia que los pobres han de cumplir íntegramente por algo que han hecho mal, concluyo que es de derechas. Si, por el contrario, una persona tiende a considerar la situación de los pobres como una desgracia, consecuencia de un orden social injusto o de la mala suerte, de la que estamos obligados a ayudarlos a salir cuanto antes, concluyo que es de izquierdas.

Hay que estar muy atento al “ruido” que la realidad mete en el modelo, porque en efecto hay personas con mucha cara, que no quieren trabajar y esperan que los demás les saquemos las castañas del fuego, lo que pasa es que la mayor parte de esas personas no son pobres, más frecuentemente son ricos, rentistas o malos compañeros de trabajo. Pero cuando alguien le quita las prestaciones a los desempleados para “incentivarlos” a buscar un empleo miserable, o cambia las becas por “préstamos”, para incentivar a los estudiantes con menos recursos económicos, es decir, cuando convierte la pobreza, o la necesidad, en un exclusivo problema de actitud individual y no de organización social, a ése, a ése siempre lo clasifico en la derecha. Y, por cierto, viendo donde clasifica la gente a Ciudadanos en la encuesta del CIS, he llegado a la conclusión de que no soy el único que piensa que defienden políticas de derechas.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 6 de diciembre de 2015

2 comentarios
  1. 6 diciembre, 2015 22:47

    Claro que no eres el único. Solo hay que ver las compañías que tiene el Albertito.
    Pero venden su mal,producto de maravilla, otros con un programa ejemplar, no,son capaces de hacer un trabajo que llegue a convencer que su mercancía, es buena , sería y que puede ser realizada.
    La realidad fue que Zapatero subió un 70% las pensiones mínimas, de eso no se acuerda nadie, ni nadie lo vende, que pasa.

  2. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    7 diciembre, 2015 2:01

    No he logrado clasificarme, tengo un problema previo. No logro ver ‘la pobreza’ en general, solo veo gente que es más o menos pobre. Así que no tengo una actitud hacia ‘la pobreza’ en general.

    En cuanto a los más pobres, creo haber visto que, por lo general, son los más débiles, de cuerpo o de espíritu. O sea, desgracia o mala suerte. Pero no paso el test, porque no veo lo del orden social injusto.

    Antes había otro test en esto de la izquierda y la derecha: ‘el que no trabaje, que no coma’. Creo que tampoco lo paso. La vagancia creo que tiene algo que ver con la debilidad, de cuerpo o de espíritu; así que también puede considerarse mala suerte. Pero me resulta difícil determinar hasta dónde puede exigirse al diligente que trabaje para el vago porque a él le cuesta menos trabajar (o incluso le gusta). El dilema de la hormiga con la cigarra no es fácil; mucho menos, por cierto, que el de la cigarra con la hormiga.

    En todo caso, esto queda muy lejos de las prestaciones a los desempleados. Y no digamos los becarios.

    En fin, que el test no me parece tan bueno. Aunque no se me ocurra uno mejor….

Los comentarios están cerrados.

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