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Julio Rodríguez

8 noviembre, 2015

He tenido el honor de conocer y tratar al general Julio Rodríguez. La verdad es que el miércoles, cuando me enteré por la prensa de que iba en las listas de Podemos sentí un poco de tristeza. No se me ocurre una buena metáfora para expresarlo pero, salvando las considerables distancias tratándose de un general de cuatro estrellas, viene a ser algo así como cuando te levantan a una chica o un chico que te gustaba desde hacía tiempo sin que se lo hubieras dicho. En esa situación hay gente que reacciona enfadándose con el rival que se te ha adelantado, otros, u otras, se disgustan con la chica o el chico en cuestión, y otros nos decepcionamos con nosotros mismos, por no haber sido más listos y más rápidos. En mi caso, me enfado conmigo mismo, pero ni guardo rencor a la chica ni al que se me adelantó. Y, en general, me ha ido bien así en la vida. De modo que deseé mucha suerte a Julio Rodríguez y pensé que me gustaría coincidir con él en el Congreso de los Diputados aunque estuviéramos en grupos diferentes.

El viernes vi como el gobierno del presidente Rajoy había decidido destituir al general por “falta de confianza”. La verdad es que me sorprendió, porque la “falta de confianza” la tuvieron siempre. Precisamente porque el general fue un hombre leal al gobierno socialista. Y hay lealtades que cierta derecha no puede entender en un militar. Así que, no conociendo la legislación militar, lo primero que supuse es que algún retorcido leguleyo habría encontrado la retorcida forma de intentar manchar la reputación del general. La envidia es verdaderamente insana. Luego nos enteramos de que el general Rodríguez Fernández había tramitado, previamente a su incorporación a las listas al Congreso de los Diputados, su petición de pase de la reserva al retiro, y que el gobierno en lugar de tramitar el expediente con rapidez y discreción decidió ofenderlo. La verdad es que en esto es en una de las pocas cosas en las que el gobierno es estrictamente igualitario, le da igual que seas un general de cuatro estrellas que un sindicalista, un maestro, un juez o una cirujana, si no les gustan tus ideas, lo primero que hacen es desacreditarte personalmente. Por cierto, que no son los únicos que usan ese atajo en la política española.

Pero, claro, no ofende quien quiere sino quien puede. Y en el intento, el gobierno se ha dejado algunas plumas. Porque ha quedado claro que su objetivo era destruir a Julio Rodríguez todavía en tierra y han fallado. Encima, y lo que es mucho peor, se les han visto las intenciones y hasta las malas artes. En fin, que no han tenido ninguna elegancia con una persona que es bien elegante. Esa es por cierto una de las cosas que más me gusta de Julio Rodríguez, su elegancia. Mis quizá equivocadas, aunque irrenunciables, lecturas de juventud me hicieron creer que nobleza obliga. Y que, entre otras cosas, obliga a ser elegante, a ser valiente y generoso. El gobierno y el ministro de Defensa han perdido una magnífica ocasión de mostrar su nobleza, probablemente una de las últimas.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 8 de noviembre de 2015

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