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La senadora que se negó a votar

25 octubre, 2015

Hace un par de meses leí que la primera senadora de uno de los nuevos partidos del panorama político había decidido no votar sobre ningún tema que no conociera. De manera que, en tres días de pleno, la senadora sólo había votado una enmienda sobre un tema en el que, en su calidad de abogada, había podido formarse un criterio. Me parece irreprochable.

Durante esos tres días el Pleno del Senado tramitó cuatro Mociones Consecuencia de Interpelación Urgente al Gobierno, tres Mociones y cinco Proyectos de Ley entre otros temas. Alguno de esos Proyectos de Ley conllevaba más de ochenta votaciones correspondientes a más de dos centenares de enmiendas. Ningún parlamentario tiene ni la formación previa ni el tiempo material para formarse una opinión fundada sobre cada uno de los asuntos que se tramitan y se votan en los plenos del Senado o en el Congreso, y no digamos de los que se ven en las múltiples comisiones.

Sin embargo esa situación es insostenible, porque la sociedad espera que, si el parlamentario o la parlamentaria individualmente tomados no tienen un criterio sobre cada asunto que se ve en la cámara de representación, su partido sí tenga criterio sobre todos los problemas que se debaten. La senadora no tenía criterio para votar, por ejemplo, ninguna de las ochenta enmiendas al Proyecto de Ley Ordenadora del Sistema de Inspección de Trabajo y Seguridad Social, ni tampoco tenía criterio para votar una moción «sobre la adopción de determinadas medidas para el esclarecimiento de los hechos denunciados en relación con la conocida como cuestión de los bebés robados, que tuvo lugar en nuestro país»; ni sobre otra moción «por la se instaba al Gobierno a garantizar que la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) favorezca el acceso a la vivienda, especialmente en el caso de las familias en situación de especial vulnerabilidad social». Son cosas sobre las que esperamos que el partido al que hemos votado tenga opinión.

Así que, con el tiempo, la senadora y su partido tendrán que articular una estructura que le permita fijar una posición en cada tema que se debata. Si fueran coherentes con su ideología y con las cosas que han dicho o han dado a entender, deberían establecer un sistema de consulta por el que los ciudadanos a los que representan pudieran votar on line antes de que ella lo hiciera en el Senado. En realidad podría haberlo hecho esos días. Podría haber aprovechado el conocimiento social para fijar la posición de su partido y ahorrarse la burocracia de un grupo parlamentario. En el límite, podrían sustituir la democracia representativa por la democracia directa. De modo que, cuando cada uno de sus votantes llegara a su casa después de ocho horas de trabajo, o de terminar las tareas domésticas, al abrir el correo se encontrara todos los expedientes del Congreso y el Senado y unos cuadernos de votación. Eso sí, con un tiempo limitado. Y no limitado por su esperanza de vida, sino por la agenda parlamentaria, que suele ser más corta.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 25 de octubre de 2015

One Comment
  1. JULIO CARABAÑA MORALES permalink
    25 octubre, 2015 23:59

    Brillante apunte sobre la utilidad de los partidos políticos. Espero que la senadora en cuestión haya reflexionado en el mismo sentido. Aunque me queda una duda. La senadora podría no haber sido tan honrada, y haber votado guiándose por el voto de los demás, en particular por el de sus rivales. ¿Cuántas veces hacen esto los partidos?

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