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Político que no has de comer

12 julio, 2015

Hace muchos años leí una divertida novela de ciencia ficción que narraba el viaje, a través de la galaxia, de un pequeño y excepcional grupo de personas que intentaban salvar a la Humanidad. En su viaje llegaban a un planeta que tenía un restaurante en el que se servía el mejor manjar de todo el Universo. Naturalmente lo pidieron. El metre les explicó que el manjar era un hongo, el último ejemplar de una especie que tenía la extraña propiedad de reconocer la calidad moral de las personas. De tal modo que si quienes querían comerlo eran malas personas se volvía de un aspecto repugnante, y resultaba venenoso; pero si los comensales eran las mejores personas del universo, entonces se volvía de un bello color rosado, y comestible. Al poco el camarero llegó con una fuente que colocó en mitad de la mesa, y después de un ratito el hongo se volvió de un apetecible color rosado. Los comensales cogieron sus cubiertos dispuestos a partir su trozo, pero ninguno hizo el menor movimiento. Todos, conmovidos y con lágrimas en los ojos, pidieron que retiraran la bandeja. ¿Cómo te vas a comer a un ser que está dispuesto a morir por afirmar que eres una de las mejores personas del Universo? Sobre todo si, de verdad, eres una buena persona.

Me acordé de la historia cuando leí esta semana que los líderes independentistas catalanes quieren presentar una lista al Parlamento de Cataluña compuesta íntegramente por personas que no sean políticos. Como los periódicos que regalan cuchillos y los bancos que regalan cacerolas, cuando flaquea la demanda de independencia, los independentistas regalan antipolítica. El caso es que si los independentistas hubieran leído aquel libro de ciencia ficción seguro que se darían cuenta de que nadie que acepte ir en su lista puede formar parte de la misma. Al fin y al cabo un político no es más que un ciudadano que se presenta en una lista. Por tanto, desde el mismo momento en que esas personas acepten ir en la lista, ya son políticos y los independentistas no deben fiarse de ellas. Así que, como si se tratara del hongo de la novela, las personas que aceptan ir en la lista se vuelven letales, al menos para la biología política de los independentistas. Por el contrario, si alguien no acepta ir en la lista, entonces los independentistas sabrán que se trata de la persona adecuada para figurar en ella. Un lío.

Un lío porque, en esta situación, la única forma que tienen los independentistas de cumplir su palabra es presentar listas vacías. En todo caso podrían anunciar en los medios de comunicación, y poner carteles en calles y plazas, los nombres y las caras de los que hubieran ido en las listas de no haber sido porque eso los habría convertido en políticos e invalidado para ir en las listas. Algo así como: «nosotros presentaríamos a Fulano (foto), Mengana (foto), Perengano (foto) y Zutana (foto) pero ellos no quieren, así que llevamos una lista vacía para ser coherentes con nuestras ideas y respetuosos con los electores».

Si Groucho Marx viviera, cabría pensar que ha sido él quien ha aconsejado irónicamente a los independentistas catalanes: «no pongáis nunca en vuestras listas a nadie que acepte ir en ellas». Pero como Groucho está muerto, seguro que la idea es de ellos mismos y no es una ironía.

Publicado en el diario SUR el 12 de julio de 2015

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