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De la ironía al cinismo y vuelta

21 junio, 2015

Hubo un tiempo en el que mi amigo Enrique Martínez decía que si te preguntaban cuál es la película que más veces has visto y contestabas que Casablanca, es que no tenías niños pequeños. En efecto, he visto más veces La Sirenita y la Bella y la Bestia que Casablanca, ¿qué pasa? Luego, ya vimos Casablanca de nuevo.

Cuando trato de explicar la diferencia entre la ironía y el cinismo, siempre recuerdo los personajes de Rick y el capitán Renault en Casablanca. Con la ironía parece que estamos diciendo algo malo, pero en realidad hacemos un homenaje al bien. Es lo que hace Rick al responder «soy borracho» a la pregunta del mayor Strasser sobre cuál es su nacionalidad. Teniendo en cuenta lo que suponía para un nazi como Strasser la idea de nación, hay muchísima más dignidad humana en la condición de borracho.

Por el contrario el capitán Renault borda el arquetipo del cínico cuando toca el silbato para que sus policías cierren el local de Rick. Ante la pregunta por la razón del cierre, Renault contesta: «¡es un escándalo, aquí se juega!« Eso sí, en ese mismo instante, un empleado de Rick le entrega un sobre diciéndole: «señor, sus ganancias de esta noche». A lo que Renault contesta educadamente, «gracias», mientras se guarda el sobre. En ese momento su defensa del bien es pura actuación, el acto que lo redime vendrá al final de la película.

A raíz de la polémica sobre unos twits bastante desafortunados, esta semana me he acordado mucho del capitán Renault. Resulta que «aquí se insulta y se ofende». Algo había notado. Pero pocas personas manifestaban públicamente su escándalo, y bastantes aplaudían y reían las «gracias» a los que insultan. Y algunos, además, hacían y hacen caja. La crisis se ha vuelto un buen negocio no sólo para los ricos y poderosos, también para los sádicos, también para la gente que se lo pasa bien haciendo daño en nombre de los que sufren. Tienen bula, o eso creen.

Después de ciertas explosiones sociales, en las que hay gente que da rienda suelta a sus más bajas pasiones en nombre de los más altos ideales, viene la reacción. Y el sádico que se lucía con sus insultos se encuentra de pronto, en mitad de la plaza, muerto de vergüenza ante la condena de los cínicos que exclaman «¡qué escándalo!, ¡qué escándalo!». Ya lo decía Tony Judt, antes la palabra duro significaba ser capaz de resistir el daño sin quebrarse, ahora se llama duro al que es capaz de hacerlo. Los duros de ahora se quiebran fácilmente.

Al final de todo este periodo que estamos viviendo, los chicos radicales de buena familia, que se ven tan limpios y nos ven tan sucios, con sus buenas intenciones, con su justificación, entre romántica y cínica, de la dureza que es necesaria ejercer para conquistar el poder, su particular juego de tronos, se instalarán, borrarán los twits de sus cuentas de Twitter, incluso de las anónimas, de aquellas en las que no usan su nombre, no vaya a ser, y se volverán respetables como sus padres. Y serán felices y comerán perdices, porque ellos siempre ganan, sobre todo cuando pierden.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 21 de junio de 2015

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