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Pasarlo bien

24 mayo, 2015

A lo largo de estos años de crisis se ha ido acuñando una expresión que ha circulado por todos
los discursos políticos con independencia de la persona que los pronuncie y del partido al que
pertenezca: «la gente que lo están pasando mal». Por cierto, discursos políticos no son sólo los
que se dicen desde las tribunas de los mítines, sino los que se dan en la barra del bar, en la
comida familiar, o en las tertulias mediáticas o de amigos. Decimos “la gente que lo está
pasando mal” como una expresión sumaria, que todo lo integra, todo lo describe y todo lo
explica. A uno le dan ganas de preguntarle a su interlocutor: “a ver, declina las formas
principales de esa expresión, descríbeme en qué consiste, según tú, pasarlo mal”.

Si nos mantenemos en el nivel de abstracción de la expresión “mucha gente lo está pasando
mal”, entonces se nos cae encima el problema hasta aplastarnos. Solo la rabia o la furia que
nacen de la compasión parecen estar a la altura de una respuesta aceptable, aunque también
la resignación, la decepción y la huida, son respuestas comunes. Todo menos tratar de
comprender en qué consiste su sufrimiento, de analizarlo, cuantificarlo, y buscar la forma de
paliarlo o eliminarlo.

Hoy el capitalismo financiero ha terminado penetrando hasta el último rincón del mundo de la
vida, incluida el alma de los más feroces críticos del capital financiero. El mercado de derivados
también se ha extendido a la política. Y, del mismo modo que en el mercado de derivados se
empaquetan productos de distinta calidad hasta terminar distribuyendo elementos muy
tóxicos, también en el mundo de la política terminan agregándose en el mismo paquete de
agravios e injusticias situaciones muy distintas. Lo pasa mal el joven ingeniero que debe irse a
lemania a buscarse la vida y lo pasa mal la mujer madura que se ve encadenada por muchos
años al cuidado de un ser querido en situación de dependencia severa. Son formas bien
distintas de pasarlo mal, pero en el discurso político se meten en el mismo paquete y con ese
paquete se especula en el mercado político y electoral, en las tribunas o en las tertulias de
café. Pero, tanto el joven ingeniero como la mujer que dedica los últimos mejores años de su
vida a cuidar a la madre enferma, se ven reflejados cuando el orador se refiere, con la emoción
y gravedad adecuadas, a “la gente que lo está pasando mal”.

En alguna parte de Nigeria o de Ghana, unos padres vieron partir hace meses, una mañana
temprano, a su hijo de veinte años, en esa edad en la que los hombres son también niños. No
saben nada de él. Ninguna noticia. Como si se lo hubieran tragado la tierra o el mar. Es otra
forma de “pasarlo mal”. quí, en el paraíso, tampoco sabemos nada, pero gente que hace
números con la gente ha calculado que la mejor solución es bombardear sus pateras. El viernes
se terminaron los discursos. Hoy votamos. Mañana deberíamos declinar las distintas formas
del dolor y, con otros cálculos, darles las soluciones posibles con la urgencia necesaria.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 24 de mayo de 2015

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