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Vuestra revolución no tendrá lugar

10 mayo, 2015

Está demostrado que los profesionales de las matemáticas tienen la misma intuición estadística que el resto de los mortales: ninguna. Los seres humanos no traemos, de serie, el módulo de la estadística. Con nuestra pobre dotación para la estadística es muy fácil hacer discursos en los que se divide a la sociedad entre el 1% de los ricos y el 99% al que pertenecemos fraternalmente todos los demás. Y así es fácil atribuir todas las culpas, exigirle todas las responsabilidades y pedirle que hagan todos los sacrificios al 1% de los de arriba, y liberar de todo compromiso al 99% de los de abajo. A excepción, claro está, de conmovernos con ese tipo de discursos y votar a quienes los hacen.

La estadística da para muchos y variados discursos. Si atendemos al hecho de que el 1% más rico de la población de nuestro país tiene el 27% de toda la riqueza y que el 30% más pobre sólo tiene el 2,3% de la riqueza nacional, entonces la revolución está a las puertas. Y si decimos que el 50% más pobre de la población española tiene tan sólo el 9,7% de la riqueza, ¿no debería ganar la izquierda todas las elecciones? Pero sigamos jugando con la estadística y los discursos, porque si el 50% tiene el 9,7% de la riqueza, eso quiere decir que el otro 50% de la población tiene el 91,3% de la riqueza restante. De modo que, visto así, hay mucha gente interesada en mantener el status quo. El 10% de las personas que se sitúan a mitad de la escala, la quinta decila, acumulan más riqueza que el 40% de los más pobres. ¿Con quién se comparan esas personas, con los que tienen por arriba o por abajo? Si algo hemos aprendido de la psicología humana es que el dolor de perder es más fuerte que la felicidad de ganar. Así que los que tienen algo que perder pelean con bastante más dureza que quienes lo tienen todo por ganar, y hay muchos más que tienen algo que perder.

El nivel académico de un profesor de primaria está por encima del 70% de la población en edad de trabajar. Si usted gana en su trabajo más de dos mil quinientos euros al mes, tiene por debajo el salario del 75%. No, no somos una sociedad compuesta por unos pocos ricos injustos y egoístas, que los hay, y una multitud fraterna de pobres bienaventurados. Las élites son más numerosas y complejas que el 1% de los más ricos. Si nobleza obliga, estamos obligados bastantes más que el 1% más rico de la población. Y Hacienda lo sabe. Al final, una sociedad tan compleja y contradictoria produce resultados como los del CIS de esta semana, tan decepcionantes para los revolucionarios que quieren asaltar los cielos; e incluso para los reformistas que, más modestamente, queremos convertir la Tierra en un paraíso.

La revolución del 99% contra el 1% no tendrá lugar. Avanzar manteniendo unida una mayoría de cambio es algo distinto y mucho más duro que recibir, en días de cantos y banderas, los fervorosos aplausos de las masas agradecidas a nuestras buenas intenciones. Se puede, claro que se puede. Se puede cambiar nuestra sociedad de forma significativa. El camino está descubierto. No sin dificultades y retrocesos, los socialdemócratas, socialistas y laboristas europeos recorrieron un buen trecho del camino del cambio, y deben seguir haciéndolo. Y no solo ellos están llamados a esa tarea, todo el que quiera sumarse a ese camino es más que necesario.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 10 de mayo de 2015

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