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Juego de imágenes

22 febrero, 2015

En 1971 el New York Times publicó los papeles del Pentágono. A raíz de su lectura, un año más tarde Hannah Arendt publicaría su ensayo «La mentira en política». En una parte de ese texto, Arendt explica las más que discutibles motivaciones de las decisiones militares de los norteamericanos. Por ejemplo, la decisión de bombardear Vietnam del Norte con el objetivo de levantar la moral de Vietnam del Sur. Dice nuestra autora de los norteamericanos: “¿cómo podrían interesarse en algo tan real como una victoria cuando realizaban una guerra, no para conseguir beneficios territoriales o económicos, menos aún por ayudar a un amigo o mantener un compromiso y ni siquiera por la realidad del poder, como distinta a la imagen de éste?”.

La verdad es que hacer una guerra para dar una imagen, era algo verdaderamente nuevo para una mujer que, como Hannah Arendt, había visto el horror de la II Guerra Mundial. Hoy, sin embargo, vemos con frecuencia como los terroristas degüellan a sus prisioneros no tanto para asegurarse de que esos enemigos no puedan luchar contra ellos en un futuro, como para producir una imagen que Internet y la prensa se encargarán hacernos llegar a cada uno de nosotros. Con episodios afortunadamente menos cruentos, también en la vida política de nuestras democracias se libran constantemente batallas de imágenes. Tenemos un buen sistema educativo, y nuestros resultados en PISA son lógicos y razonables para un país como el nuestro, pero la imagen es la contraria. Y lo mismo pasa en la Universidad. A la par que en Alemania se rifan a nuestros ingenieros y en Gran Bretaña a nuestros médicos, nuestra Universidad sufre de una pésima imagen de endogamia y baja calidad. Demasiado ocupados en cambiar la imagen de nuestro sistema educativo, dedicamos pocas energías a mejorarlo razonablemente. Lo mismo está ocurriendo con la corrupción.

Los datos de corrupción en nuestro país no reflejan una realidad que se parezca a la imagen que se ha instalado en la opinión pública. ¿Cómo se combate una situación de corrupción generalizada que no existe? Pues con imágenes. Los dirigentes políticos se ven en la obligación de oponer imágenes de enorme fuerza y contundencia contra la corrupción para tranquilizar a la gente asustada por las imágenes de corrupción generalizada. Al final para dar una imagen de justicia podemos terminar siendo muy injustos. Porque, como en los bombardeos a Vietnam del Norte, el objetivo no es tanto mejorar los recursos de la justicia y de la policía contra la corrupción, como acabar con la imagen de inoperancia de la política frente a la corrupción. Por otra parte las grandes alharacas atraen más a la prensa. En el fondo se trata de dar moral a Vietnam del Sur, que en este caso son los ciudadanos indignados por la corrupción.

Así que en lugar de dedicar nuestras modestas capacidades a acabar con los problemas reales, las dedicamos a dar la imagen de que hacemos unos esfuerzos ciclópeos para acabar con las imágenes exageradas de los problemas. Todo muy entretenido, la verdad.

Publicado en el diario SUR el 22 de febrero de 2015

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