Skip to content

Sexo y corrupción política

28 diciembre, 2014

Hace un par de años mi buen amigo Manuel Villoria y su colega Fernando Jiménez publicaron en la Revista Española de Investigaciones Sociológicas un artículo titulado “La corrupción en España (2004-2010): datos, percepción y efectos”. El artículo empieza de la siguiente manera: “La abundancia de noticias sobre actos corruptos en España no suele venir acompañada de análisis rigurosos de su extensión, ni de sus características tipológicas o sus componentes estructurales”. ¿Importan la extensión de la corrupción y sus características? Pues depende. No es lo mismo si lo que uno se propone es combatir la corrupción que si lo que uno se propone es ganar dinero o poder político. Si lo que uno se propone es combatir la corrupción, es fundamental conocer su extensión y sus características para determinar qué recursos dedicar a ese combate y qué estrategia es la más adecuada. Ahora bien, si lo que uno quiere es acabar con “el régimen del 78”, por poner un ejemplo, entonces lo mismo le da que la prensa cuente cien veces el mismo caso de corrupción o que cuente cien casos de corrupción distintos. Lo importante, en ese caso, es que la gente esté muy indignada, y desde luego la corrupción es algo que nos pone a todos de muy mala idea. De modo que, si te preguntas por el número de casos y las características de la corrupción, te dirán enseguida que “estás tratando de relativizar el problema (y, además, me estás fastidiando el negocio)”. Y ahí ya no puedes seguir debatiendo, porque cualquier cosa que digas podrá ser utilizada en tu contra.

Por otro lado la corrupción vende, ya sean páginas de periódico, minutos de radio o de televisión, y eso es dinero. Los periodistas te dicen: “lo cuento porque ocurre”. Y tienen toda la razón, lo que pasa es que también ocurren más cosas, claro que no son cosas igual de interesantes. A partir de datos de la Fiscalía, Villoria y Fernández encuentran unos 500 casos de políticos acusados por corrupción política durante los años investigados. Así que sobre un total de unos 70.000 políticos electos, estamos hablando de un 0,7%. Es decir, que de cada mil alcaldes hay siete que se corrompen. Pero claro, dónde va a parar. Esos siete dan para más portadas de periódico y horas de tertulia que los novecientos noventa y tres restantes con sus farolas, parques y guarderías infantiles. Y más si hay sexo. Si uno escribe «Granados “Operación Púnica”» en el buscador de noticias de Google, aparecen 3.850 resultados; pero si escribe «Monago viaje Canarias», aparecen 14.600 resultados, casi cuatro veces más. ¿Es más grave el caso de Monago que el de Granados? Uno de esos tertulianos que gritan y no te dejan hablar podría sostener que sí, y que no. Depende. Los jueces han demostrado tenerlo mucho más claro. De hecho Granados ya está en la cárcel, en tanto que Monago solo estará pasando mucha vergüenza, pero en su casa.

Es posible que algún cotilla, que al ver el título de este artículo buscara espectáculo, se sienta ahora víctima de una inocentada. En el pecado lleva la, espero que leve, penitencia.

Publicado en el diario SUR el 28 de diciembre de 2014.

One Comment
  1. 29 diciembre, 2014 0:56

    Sinceramente pareciera que pretendes minimizar el efecto envenenado que tiene la corrupción, pero yo se que no es lo que pretendes. Lo se de verdad y no es hacer la pelota!
    Pienso que se mezclan muchas cosas en un mismo saco y a falta de haber abierto más debates ciudadanos durante todos estos años de democracia, hay cuestiones que al calor enervante de la corrupción extendida ya no pueden plantearse sin ser acusados de populistas o ventajistas, por usar una expresión mas porteña.
    En estas estamos…pero me parece que se hizo un uso exagerado y hasta desvirtuado de la democracia representativa dejando de lado la democracia deliberativa, que deberían ser complementarias.
    Con La democracia representativa han actuado, y actúan no solo los partidos políticos. Lo hacen los sindicatos, las asociaciones empresariales, las profesionales, las de vecinos y las ONGS, que son a efectos administrativos asociaciones a secas. Y es en todos estos espacios donde se hizo uso y abuso de la democracia representativa. mientras milite en el PSOE hice campaña para dos candidatos y dos candidatas a la alcaldía. Pero curiosamente en la mayoría de las asociaciones de vecinos campaña tras campaña nos reuníamos con la misma persona presidente/a de muchas asociaciones de vecinos. Lo más patético era escuchar las críticas de esos representantes vecinales, para que cambiáramos nuestra forma de acercarnos al vecindario. Esas reuniones me dejaban un sabor desagradable, porque estaban viciadas por la forma ¿representativa?. El modelo , para no llamarlo “sistema”, ( no vaya a ser que se me note que soy una antisistema, jajaja!) es un modelo desgastado y maltratado. Pero cierto es que desde las instituciones se alimentó eso de que “hablar con la sociedad civil” era hablar con los y las representantes de las organizaciones sociales. Pero cuando se anula la deliberación en aras de la representación, el modelo suele perder hasta los modales. Y ahí ya la hemos liado, porque en mi opinión, ese modelo desvirtuado facilita la extensión y hasta la normalización de la corrupción y el nepotismo. ¿Que se salvan muchos o la mayoría de los alcaldes.? Pero es que no debería haber ni uno…!
    Un abrazo! Interesante propuesta. A ver si se pudiera profundizar en estas cuestiones…concienzudamente.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: