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Literatura y puertas giratorias

16 noviembre, 2014

Hay cosas que no me atrevería a discutir. Por ejemplo, la calidad literaria de Antonio Muñoz Molina. Al que tanto admiro como novelista. Sin embargo creo que sus ideas políticas son tan discutibles, al menos, como las mías. Recientemente ha publicado un artículo titulado “La corrupción y el mérito”, en el que realiza un diagnóstico de los males de la patria y propone una terapia: “Contra los manejos de un político corrupto o los desastres de uno incompetente la mejor defensa no son los jueces: son los empleados públicos que están capacitados para hacer bien su trabajo y disponen de los medios para llevarlo a cabo, que tienen garantizada su independencia y por lo tanto no han de someterse por conveniencia o por obligación a los designios del que manda”.

Hegel pensaba algo parecido. Llegó a ver en la burocracia a la clase universal que encarnaba la autoconciencia del Estado. Eran tiempos en que todo el mundo creía haberla visto por algún sitio, Jefferson y Madison la vieron entre los granjeros norteamericanos, y unos años más tarde Marx la vería en el proletariado. Recientemente, el presidente Rajoy ha vuelto a verla en la burocracia, aunque con más precisión que Hegel y Muñoz Molina juntos, la ha visto concretamente en los abogados del Estado.

Es una pena que ninguno de ellos haya caído en la cuenta de lo que dijo otro alemán, Max Weber, al señalar que la burocracia solo garantiza la racionalidad de los medios, pero que respecto a los fines es igual que el resto de los mortales. T. W. Adorno, su colega Horkheimer y el resto de la Escuela de Frankfurt explicaron mejor aún los límites de la racionalidad instrumental después de que hubiera pasado el toro del nazismo con su métrica asesina.

Viene todo esto a cuento de la noticia sobre la negativa de la jefa de los abogados del Estado a personarse en la causa sobre la Caja B del Partido Popular, siendo el caso que esta señora trabajaba anteriormente como directiva para la constructora Sacyr, precisamente durante el tiempo en que Sacyr pagó supuestamente 200.000 euros para la campaña electoral de Cospedal, también abogada del Estado.

Pero no es al dedo de la corrupción hacia donde quiero atraer la mirada del amable lector o lectora, sino hacia la luna de las puertas giratorias. De hecho casi la mitad de los abogados del Estado trabajan, en excedencia, para intereses privados. Esta semana hemos conocido que el abogado jefe de Hacienda acaba de abandonar el ministerio para incorporarse como socio a la empresa de auditoría Ernst&Young, precisamente como responsable del departamento de Procedimientos Tributarios. ¿Quién podría conocer mejor que él la legislación tributaria y, lo que es más importante, al resto de los abogados de Hacienda? Es un mérito, el de ese funcionario, por el que el capital está dispuesto a pagar mucho más que el Estado, pero no creo que ese mérito ayude a terminar con la corrupción, y mucho menos a impedir la captura del poder político por otros poderes. Como tampoco ayuda el artículo de mi admirado Muñoz Molina.

Publicado en el diario SUR el 16 de noviembre de 2014

One Comment
  1. 19 noviembre, 2014 10:42

    La corrupción, está muy dentro del humano, jamás podrá eliminarse, a cada ley que dicte al respecto, los cacos, sacarán sus debilidades. La corrupción podrá pàliarse, castigar, pero no desaparecerá. Ni aún cuando los políticos creen la ley, que hasta que no se devuelva lo robado, el individuo permanecerá en la cárcel, esa ley seguro que no se creará, ja ja..
    Creo en la honradez de los políticos, todos, excepto pocos, muy pocos, no c reo en la honradez de los empresarios, son los causantes de lo que pasa, junto a esos altos funcionarios con responsabilidad en adjudicaciones, que amañan, los pliegos de condiciones de los contratos, que amañan la adjudicación y ejecución de los mismos..
    Controlar a toda esta tropa que nos corroe, es imposible. Salvo que hacienda investigue a cada por sus ingresos-gastos, que puede hacerlo.

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