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Octubre

2 noviembre, 2014

Esta semana conoceremos el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas correspondiente al mes de octubre. Y no será el lunes, como se ha dicho. Durante toda la semana han aparecido noticias sobre una supuesta filtración, que desvelaría un resultado catastrófico para los partidos mayoritarios y el asalto al cielo demoscópico de Podemos, al convertirse en la primera fuerza política de nuestro país. “Miedo”, “estupefacción”, “pánico”, son los titulares de los periódicos digitales. Uno quisiera atribuir estas exageraciones a los daños colaterales de las vísperas de la fiesta de Halloween, pero me parece que la razón de tanta alarma es más prosaica: engordar la audiencia.

Diré, antes de continuar, que dudo mucho que se haya producido una filtración de los datos del CIS. Después de muchos años de seguir al CIS, como sociólogo y como parlamentario, solo recuerdo una filtración, que fue consecuencia de la combinación de una debilidad en el sistema informático y de la acción exterior de una persona que, en lugar de avisar al CIS de esa debilidad, decidió hacer una trastada. Así que cuando el CIS publique sus datos, y si eventualmente no coincidieran con las informaciones adelantadas por ciertos medios, esos mismos medios enterrarán con algún escándalo, a poder ser sobre la cocina del CIS, el escándalo de su falta de profesionalidad como periodistas. El objetivo es que no nos falte un buen escándalo a la hora de desayunar, para que no decaiga el espectáculo y para no dejar sin debilitar ninguna institución de nuestra democracia, en este caso al CIS.

Lo que sí sabemos es que los días del trabajo de campo de la encuesta de octubre debieron de coincidir con el escándalo de las tarjetas negras y la crisis del ébola. Así que cabe esperar que, efectivamente, esos resultados no sean nada buenos para los principales partidos. De modo que lo más probable es que las cosas sigan la tendencia que llevaban en el barómetro de julio, solo que de manera más intensa en beneficio de Podemos. Espero no columpiarme, pero de ahí a la revolución del octubre morado que se nos ha anunciado, hay un trecho. Recuerdo al amable lector o lectora que, en intención directa, en julio, el CIS ya daba que el PP tenía un 12,9%, Podemos, un 11,8% y PSOE un 10,6%. Resultado que si tenemos en cuenta el margen de error muestral situaba a los tres partidos en un empate técnico en intención directa. Otra cosa es la estimación, que es tan necesaria como difícil. Necesaria porque, por ejemplo, el PP tenía en julio un recuerdo de voto del 19%. Así que como no podemos creernos ese recuerdo, tampoco podemos creernos la intención directa, y eso hace necesaria la estimación, y aunque el CIS suele ser el que mejor estima, una estimación es solo una estimación. (Precisamente hoy, el diario El País ha publicado una encuesta, realizada los días 28 y 29 de octubre, es decir, muy posterior a la encuesta del CIS a la que nos referimos en este artículo y posterior también a la operación Púnica, y aún así la estimación que da es Podemos 27,7% y PSOE 26,2%. Una ventaja de 1,5 puntos con un margen de error de 3 puntos, lo que sería, de nuevo, un empate técnico).

Lo único seguro que veremos en los datos de octubre es que la gobernabilidad de nuestro país se complica en mitad de sendas crisis, económica y política, del máximo nivel. Y eso es algo que, por sí solo, debería preocuparnos a todos, incluso a los que no son de izquierdas ni de derechas como Podemos.

Publicado en el Diario SUR el 2 de noviembre de 2014

One Comment
  1. 9 noviembre, 2014 13:42

    Andres amigo genial como siempre

Los comentarios están cerrados.

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