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Arriesgar la vida

14 septiembre, 2014

Los seres humanos comprendemos bastante bien el mundo social. En particular el más próximo. Eso nos permite, por ejemplo, saber que cuando determinadas personas te dicen “hola ¿cómo estás?”, es para que les contestes “bien ¿y tú?”, y no para que le cuentes tu vida. Sin embargo, nuestra comprensión de la sociedad empeora conforme nos alejamos de nuestro entorno más cercano. Ese es uno de los principales defectos que nos aquejan a las personas cuando queremos hacer de sociólogos, incluidos los que tenemos un título universitario de sociología. En mis clases solía ayudar a los estudiantes a calibrar su GPS de la sociedad española pidiéndoles que apostaran a adivinar los resultados de las encuestas antes de que los vieran. La distancia entre su suposición y el dato de la encuesta servía de indicador, aunque no siempre muy bueno, del calibrado de su GPS sociológico.

Viene esto a cuento de que se ha hecho público estos días un estudio que, aproximadamente cada dos años, hace el CIS para el Ministerio de Defensa. En dicho informe se estudian los valores y la cultura de defensa de la sociedad española. Una de las preguntas de la encuesta es: “Aparte de su familia, ¿arriesgaría su vida por algo?”. Estoy seguro de que el amable lector o lectora puede apostar consigo mismo a cuál es el resultado. También le puede preguntar a la víctima que tenga más a mano mientras lee esta columna. Si falla por más de veinte puntos, en adelante debería hablar de la sociedad española con más precaución y sin hacer afirmaciones muy tajantes. Si acierta es peor, porque se confiará.

Imagino que para los militares el resultado de la encuesta debe ser decepcionante. Cuando se ha escuchado a miles de reclutas jurar, todos a una, que están dispuestos a derramar hasta la última gota de su sangre por España, saber que “solo” el 47% de la población está dispuesto a arriesgar su vida por algo que no sea su familia, debe ser decepcionante. Sin embargo, bien pensado, jugarse la vida es algo muy serio, y saber que uno de cada dos españoles o españolas está dispuesto a jugársela es bastante impresionante. Por cierto, que la mayor parte de los que están dispuestos a arriesgarla, el 91%, lo harían por salvar la vida de otra persona. Es decir, que casi una de cada dos personas con las que nos cruzamos en la calle se jugaría la vida por nosotros en caso de necesidad. Suena bien, la verdad, e incluso sorprende, sobre todo después de ver cómo la gente se atiza en algunas tertulias televisivas.

Otra cosa es jugársela por su patria, su nación o su país, ahí la cosa decae, aproximadamente uno de cada cinco lo haría. Por sus creencias religiosas uno de cada diez, y por sus ideas políticas uno de cada veinte. Es paradójico que haya tan poca gente dispuesta a morir por todas estas causas, y que sin embargo haya tantos dispuestos a matar por ellas, o al menos a vejar e insultar a los que no piensan lo mismo. Don Quijote, tan sabio, decía que solo por la libertad merece la pena arriesgar la vida. Uno de cada tres, dice la encuesta.

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 14 de septiembre 2014

One Comment
  1. 14 septiembre, 2014 12:14

    Yo doy la vida por mi inmortalidad

Los comentarios están cerrados.

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