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No estamos tan tristes

17 agosto, 2014

El Centro de Investigaciones Sociológicas ha vuelto a preguntar en el barómetro de junio por la felicidad. La pregunta, que empieza a ser un clásico de las encuestas del CIS, se formula así: «En términos generales, ¿en qué medida se considera Ud. una persona feliz o infeliz? Por favor, use una escala de 0 a 10, en la que 0 significa que se considera completamente infeliz” y 10 que se considera “completamente feliz”».

Conste que mi entusiasmo por este tipo de escalas es bastante limitado, pero reconocerá el amable lector o lectora que una escala de estas, en apariencia al menos, es algo más rigurosa que la lectura de la espuma de la cerveza. Si en la barra de un bar un amigo te dice: “yo creo que el país está triste”, pues uno puede responder: “exactamente un 7,2 en una escala del 0 al 10”. Puestos a hablar de cosas cuyo significado es dudoso, hagámoslo con decimales. Efectivamente, un 7,2 es la media de felicidad que resulta de la escala del CIS para la sociedad española. Curiosamente el mismo resultado que daba el barómetro del CIS en junio del año pasado. Así que se podría decir que en la España de Rajoy la felicidad también está estancada. Aunque el lector puede cambiar lo de la España de Rajoy por la del bipartidismo, la del neopopulismo, la de los centralistas, independentistas, o la España del tipo que está cortando losetas con la radial en el balcón de enfrente. Siempre habrá alguien que le dará la razón respecto al culpable.

¿Qué significa una media de felicidad del 7,2? Quién sabe, como nos explicaban en Estadística, la media dice que cada uno se ha comido medio pollo cuando en realidad uno se lo ha comido entero y el otro sigue canino. En nuestro caso la media parece acercarse más a la verdad, aunque sea la verdad estadística. Si sumamos a todos los que se suspenden a sí mismos en felicidad, es decir los que se ponen menos de un 5, apenas son el 6% de toda la población española. El resto se dan aprobado en felicidad. Un 21% lo hacen poniéndose ni más ni menos que un 9 o un 10, es decir, un sobresaliente en felicidad.

Si esto es así, ¿por qué los españoles estamos tan irritados? A diferencia de este año, que no lo ha hecho, en junio del año pasado el CIS preguntó a los entrevistados, además de por su nivel de felicidad personal, por el nivel de felicidad de la sociedad española en general. De modo que aunque, como hemos visto, la media de felicidad declarada por los entrevistados es del 7,2; esos mismos entrevistados piensan que la media de felicidad de todos los demás españoles es del 4,8. Por ejemplo, pensamos que solo un 1% son felices en los niveles 9 o 10 de la escala, en lugar del 21% que hemos visto. Es decir que, como media, pensamos que los otros son mucho más infelices que nosotros; y quizá va a ser eso lo nos trae, como sociedad, por la calle de la amargura. A lo mejor estamos irritados por solidaridad, pero por una solidaridad mal informada que solo nos desanima y nos enfrenta, sin que sirva de ayuda o de consuelo a los que verdaderamente lo necesitan. ¿A que da para charlar un rato?

Publicado en los diarios SUR y El Correo el 17 de agosto de 2014.

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